jueves, 24 de marzo de 2016

JOHAN CRUYFF, UN LEGADO ETERNO

Johan Cruyff, su legado nos queda para siempre
“Después de este resultado creo que vamos a ganar esta Liga”. La frase es de Johan Cruyff durante la clásica rueda de prensa posterior a cualquier partido de Liga. A tenor de sus palabras cualquiera podría pensar que el resultado de aquél partido había sido favorable a los intereses del equipo del “Flaco”. Al mismo tiempo que las pronunciaba y sobre los fondos de un estadio ya semivacío que iba apagando lentamente la intensa luz que había dejado aquella tarde, los marcadores seguían reflejando todo lo contrario. Como si el orgulloso encargado de desconectarlo quisiera que aquel resultado quedará allí para siempre. Aquella tarde del 13 de Febrero de 1994 en el estadio Municipal de La Romareda, el Real Zaragoza había sacado literalmente del campo a su rival, el F.C. Barcelona con un 6-3 que desde aquella tarde duerme en las páginas más gloriosas del club aragonés. Los Cáceres, Poyet, Higuera o Esnaider fueron un vendaval que se llevó por delante a los hombres de Cruyff y seguían así dando forma a un equipo que un año más tarde tocaría el cielo en París. Aquél Barça de los Koeman, Guardiola, Stoichkov y Romario quedaba tras esa jornada muy tocado y a 6 puntos del Depor del “Bruxo” Arsenio Iglesias. Tras aquél partido y las sorprendentes declaraciones de Cruyff el F.C. Barcelona encadenará una demoledora racha de 13 triunfos y 2 empates con un juego espectacular que le darán finalmente aquél Campeonato de Liga. El genio, la intuición o quizás la flor que siempre dicen acompañaba al holandés habían triunfado una vez más cuando pocos creían ya tras aquella fría tarde de invierno en Zaragoza en la que el equipo se desmoronaba como un castillo de naipes tras una derrota tan merecida como sonrojante.

Los que somos de mitad-final de los 70 dábamos nuestros primeros pasos cuando la carrera de Johan empezaba su cuesta abajo. Cuando ya jugábamos a ser Arconada , el nombre de Pelé sonaba a mitología de otro tiempo, pero el de Cruyff todavía flotaba en el ambiente. Nos era más familiar. Como algo que conocíamos pero que nunca habíamos visto. Papá me hablaba de cómo mandaba sobre todo. Rivales, compañeros, árbitros. Con una superioridad insultante. Otros alucinaban con su cambio de ritmo. No había otro igual. Pero yo lo quería ver. Y como por aquél entonces no teníamos toda la información a un golpe de clic, cuando los 4 tomos de “la Historia de los Mundiales” para VHS que me dio mi amigo Jorge cayeron en mis manos no perdí más tiempo. Y así lo pude ver. Liderando a ese grupo de anárquicos melenudos con una manera de entender el fútbol nunca antes vista. Desparramando rivales a su paso. Parando y volviendo a arrancar cuando el defensa ya creía tener cazada a su presa, para desaparecer de su vista para siempre. Con aquella mítica camiseta naranja de Holanda y el 14 detrás. Se quedará a las puertas del título en aquél 1974. Alemania remontará el gol de penalti de Neeskens cometido sobre Cruyff en el minuto 1 tras arrancar el 14 desde medio campo desbordando a cuanto alemán salía a su paso. A pesar de la derrota todo el mundo se acordará de aquél equipo y esa nueva concepción del juego. A nivel de clubs, lo ganará todo con el Ajax de Amsterdam y devolverá al Barça a la senda de la victoria. Cuando todo acabó sobre el césped, aquella manera de entender el fútbol se extendió a la pizarra. En 1988 se hizo cargo del F.C.Barcelona y formó un equipo casi invencible que maravilló con un estilo nunca visto en nuestro país. Otorgando al balón y al futbolista toda la importancia. Pescó las mejores piezas en el caladero de un futbol vasco que sorprendió a todos en la primera mitad de los 80. Sacó al danés Laudrup del hermético futbol italiano y apostó por el búlgaro Stoichkov cuando  era un auténtico desconocido. Jugará con defensa de tres, arriesgando a que la cintura de su compatriota Ronald Koeman fuera violada repetidas veces. No importaba. Si se encajaba uno habría que ir a por otro. El extremo Goicoetxea manchará de cal sus botas los 90 minutos de partido abriendo el campo para las llegadas sin avisar de Amor, Bakero o Beguiristain. El juego de toque rápido, la importancia de la posesión, la versatilidad y la eficacia con la que dotó Johan Cruyff a aquél equipo es el legado que a día de hoy el club intenta seguir como filosofía de vida y éxito. Aquél futbolista al que sólo pude ver en VHS consiguió desde los banquillos que pudiera enamorarme de una manera de entender el deporte que tanto me apasionaba.


Varios años después de aquella derrota en Zaragoza, Johan confesaba que a pesar de aquella declaración sabía que era muy difícil ganar esa Liga del 94 y que sólo el Depor que la tenía tan de cara podría perderla como así fue. Quizás con aquellas palabras aún sabiendo la dificultad de la empresa consiguió poner nervioso al equipo gallego, novato por aquél entonces en aquello de ganar campeonatos. Quizás en sus jugadores hizo saltar el resorte necesario para darse cuenta de que lo podían conseguir. Hoy 24 de Marzo de 2016 no ha podido con el marcaje al que le tenía sometido un cáncer de pulmón desde el pasado mes de Octubre. Hacía 11 días declaraba que le iba ganando 2-0 y que lo podía llegar a vencer. Como en aquél mes de Febrero en la sala de prensa de La Romareda era consciente de lo difícil que iba a ser ganarle la partida a esa maldita enfermedad. Pero con ese 2-0 le avisaba que se lo iba a poner complicado y que iba a por la victoria. Esta vez, y al contrario que en el 94, no ha podido llevarse el Campeonato. Como en aquella final de Munich en 1974 le han remontado el partido y le han arrebatado el trofeo más preciado, el de su propia vida. Como en aquél entonces nadie se acordará del vencedor. El legado del vencido también va a quedar para siempre en nuestra memoria. Gracias Johan.

lunes, 22 de febrero de 2016

MESSI, NEYMAR, SUAREZ Y LOS VIAJES DE GULLIVER

Messi, Neymar y Suarez, genios que están escribiendo su propio libro de aventuras
Allá por 1796, la editorial Benjamin Motte sacaba a la luz una obra universalmente conocida y que ha perdurado al discurrir de los tiempos. La novela Los Viajes de Gulliver del irlandés Jonathan Swift, se hacía eco de las aventuras del capitán Lemuel Gulliver a través de cuatro emocionantes viajes en los que tras diversos naufragios dará la oportunidad a niños y no tan niños de sumergirse en mundos fantásticos y conocer personajes imaginarios. Para los pequeños la inmejorable e inocente sensación de echar a volar junto a su parte creativa. Para los adultos una sátira feroz de la sociedad y la condición humana camuflada entre las trepidantes líneas de un libro de aventuras. En sus viajes, Gulliver será un gigante entre enanos, un enano entre gigantes y llegará a un país habitado por criaturas humanas deformes y violentas y gobernado por caballos de estilo de vida impecable.

Más de doscientos años después de aquello, Messi, Neymar y Suárez  han recogido el testigo y la pluma de Jonathan Swift, la han cargado de tinta roja y azul y a bordo de su inagotable talento se han lanzado a escribir una obra fantástica que el mundo del fútbol necesitará reeditar cada cierto tiempo. Una historia gestada siempre desde un bien común y con el que ponen broche a cada capítulo: la victoria final. Pero al que han elegido llegar mezclando en sus acciones eficacia, precisión y belleza a partes iguales. Disfrutando de la plasticidad de un nuevo gol inventado. Desesperándose a la vez en el ansia de recuperar el último balón perdido. Creando desde el vértigo. Derribando defensas desde la fragilidad de milimétricas combinaciones. Inundando de gestos de admiración un graderío que por fin siente algo de coherencia entre lo que ve y el siempre elevado precio de su asiento. Con la generosidad necesaria para confundir tres protagonistas en uno. Pero no todos lo ven así. Incapaces de mirar más allá de un escudo y unos colores o sin entender el verdadero sentido del espectáculo dentro del deporte, una corriente de opinión pretende arrancar las hojas de esta obra y sin su permiso convertir el talento en provocación, el recurso en chulería y la complicidad en postureo. Los mismos que hace nada se levantaban de sus asientos aplaudiendo asombrados los gestos técnicos de Ricardinho en el Europeo de Fútbol Sala. Los que en las clandestinas noches de los 80 compartían con Ramón Trecet el poder de una asistencia de Magic a Kareem ausentando su mirada por un momento en la búsqueda de algún amigo perdido entre la grada. Esos que todavía siguen girando enganchados al baile mágico de las ruletas del mago Zidane o aún sonríen con Garrincha y los engaños de su cuerpo con el balón parado entre sus desiguales piernas. Esos mismos no van a pararse siquiera por un momento para disfrutar de algo tan bello y diferente como lo que nos ofrecen ahora. Prefieren, bufanda en mano, alertarnos y justificar que cualquier día esa magia puede saltar por los aires ante un rival ofuscado que como ellos, se sienta incapaz de entender la letra de ese libro de aventuras.


Los tres genios van a continuar durante un tiempo escribiendo los capítulos de un viaje que nadie sabe cuándo tocará a su fin. Lo harán para todos los públicos. Para esos pequeños que con sus acciones echan a volar su imaginación y sueñan con imitar el último regate inventado. Esos son los que necesitamos. Los que creen en nuevas historias de sombreros imposibles y penaltis a dos toques y que huyen del verdugo que un día pueda partir en dos y poner fin a su libro mágico antes de tiempo. También para los adultos que entienden el deporte como un espectáculo y para los que no. Para ver si algún día estos pueden ponerse en los ojos emocionados de ese niño y dejando atrás los odios, las envidias y los intereses creados por los mayores puedan disfrutar de la esencia de las cosas y descubrir que en lo distinto también se encuentra lo bello. Para que como esos niños, puedan ver a estos tres genios como se sentía Gulliver en sus viajes, diferente. Gigantes en un mundo de enanos, enanos en un mundo de gigantes y caballos gobernando un país de criaturas humanas deformes. Y estos tres parece que así se sienten. Diferentes en un mundo en el que en ocasiones algunos no llegan a comprender tanta belleza. Y es que ya lo dijo Jonathan Swift: “Cuando en el mundo aparece un verdadero genio puede reconocérsele por este signo: todos los necios se conjuran contra él.”

viernes, 8 de enero de 2016

RAFA BENITEZ, SUEÑOS EN BLANCO Y ROJO


Rafa Benítez, sueños entre Madrid y Liverpool
Aquella tarde Anfield Road lucía como en las mejores ocasiones. Con el traje rojo de las grandes tardes y las gotas de elixir suficientes transpirando por sus muros para seducir una vez más a sus aficionados. Pero sobre su manto verde esa tarde no corría el balón. Su marcador no reflejaba los nombres de dos contendientes listos para escribir la épica de un nuevo duelo. Tampoco el tiempo se esforzaba en avanzar en un reloj que para muchos se paró hacía ya veintidós años. The Kop, lleno como siempre, pero con menos sabor a cerveza y más emoción en unos ojos que ya lo han visto todo. Esa tarde del 15 de Abril de 2011 en Liverpool había silencio y no había partido. Veintidós años después se volvía la vista atrás para como cada año, homenajear a las 96 almas que dejaron su vida en la tragedia de Hillsborough. Con el sentimiento y el respeto con el que sólo en las Islas saben hacer estas cosas. Sobre el césped, la incansable Margaret Aspinal, miembro de la Hillsborough Families Support Group recordaba emocionada a su hijo fallecido aquél día en Sheffield y el esfuerzo de su Asociación en la búsqueda de justicia ante las autoridades por lo ocurrido. Y entre aquellas palabras el recuerdo sincero hacia Rafa Benítez, quien hasta hacía unos meses había sido su entrenador, por todo el apoyo económico y personal aportado durante los últimos tiempos. Anfield se pone en pie y rompe en una atronadora ovación hacia el madrileño. Abrumado, Rafa y su timidez permanecen en su silla. The Kop aparca el silencio contenido y jalea su nombre en uno de sus inconfundibles cánticos. Animado por su esposa Montserrat, Benítez se ve obligado a abandonar el anonimato que le ofrecía esa butaca de la tribuna de Anfield. Se pone en pie, entre lágrimas recoge el generoso aplauso que Margaret y toda aquella gente le ofrecen y les devuelve un saludo agradecido. Su etapa al frente del club ya finalizó pero su vinculación con la familia "red" es para siempre. Por encima de su constancia, dedicación y el brillo de varios trofeos esa tarde levanta la mejor de sus conquistas. El reconocimiento y el respeto a un trabajo desde uno de esos pocos clubs en el mundo que entienden el fútbol y la vida de otra manera.

Casi cinco años después de aquella tarde, desde Madrid, Rafa Benítez vuela de nuevo hacia Liverpool. En su maleta decenas de ideas sin desarrollar, cientos de experiencias sin vivir y un sueño roto en mil pedazos. Doscientos dieciocho días después de que emocionado fuera nombrado técnico del equipo de su vida, el Real Madrid, pasaba a ser una muesca más en el siempre humeante revólver de Florentino Pérez. Después de años de preparación, experiencia acumulada y éxitos en varios países, el sueño de su vida pasaba por delante de él dejando tras de sí la estela de una pesadilla difícil de comprender. Una plantilla todavía abrazada a los cantos de sirena de Carlo Ancelotti, su anterior técnico. Un equipo poco comprometido con los métodos de su nuevo patrón. Unos jugadores que a sus espaldas despreciaban el discreto historial vestido de corto de su entrenador. La opinión pública en barras de bar llenas de librepensadores titulados en el arte de saber alinear a los jugadores adecuados en el sistema preciso para una victoria segura. Cuatro o cinco jarras de cerveza les escuchan atentamente. Esbeltos licenciados en la mala educación, que con la boca llena y aceite en las comisuras exageran la opulencia de los platos que se sirven en su mesa. Diplomados en mil carreras ponderando su escasa preparación para un reto como el que tiene delante y que ellos, desde el anonimato de una red social, parecen estar cansados de superar. Periodistas de bufanda esperándole al mínimo tropiezo para lanzarse a su cuello y dar a sus amos el trozo de carne fresco del día. Un hueco vacío en la vitrina esperando junto a la número diez y mirándole en un evidente desafío. Al final, un sueño convertido en un diamante en bruto con miles de aristas imposibles de pulir. Y aún con todos esos condicionantes siempre esperó para un hombre de la casa, el cariño y la tregua que nunca llegó. La confianza en un proyecto en el lugar donde se desconoce el significado de ambas palabras. En cada aparición pública la imagen de un hombre cada vez más derrotado. La de un entrenador preparado pero superado y ninguneado desde dentro y desde fuera, que siempre aceptará la crítica con el respeto que en esa casa le enseñaron hace muchos años. Sabe que probablemente en ciertas cosas se ha equivocado pero no esperaba tantos palos en las ruedas de un carro ya de por sí difícil de mover. Y menos que descarrilará cuando apenas había echado a andar.


Rafa Benítez se marchará mordiéndose la lengua pero con la educación que le caracteriza. Sin hacer mucho ruido. Recogiendo los últimos pedazos de un sueño que jamás volverá. Dejando el menor rastro posible y deseando a la víctima que le sucede el mejor de los éxitos en su travesía por el alambre. Sus futuros éxitos serán los del Real Madrid, el equipo de Rafa desde chico. Liverpool ya le espera. Ese pequeño lugar en el mundo en el que el fútbol y la vida se entienden de otra manera. Allí tiene su hogar y allí le esperan Montserrat, y las pequeñas Claudia y Ágata. A pesar de todo lo vivido, su corazón siempre será blanco y aquí está su otra casa pero en esta ocasión no ha notado el apoyo de su gente. Cosa que sí siente a kilómetros de aquí. Allí respetan el fútbol, las personas y todo su trabajo. Y sabe también que en Liverpool, en cualquier paseo a orillas del río Mersey siempre podrá cruzarse con la infatigable Margaret que antes que verse reflejada en el frío metal de una Copa de Europa ganada in extremis siempre preferirá hacerlo en los ojos emocionados de su entrenador favorito. Y ese es por suerte otro sueño que jamás se romperá y le acompañará toda su vida.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

FERNANDO PEYROTEO, CARTAS DESDE UNA MONTAÑA DE GOLES

Publicado en el número 58 de Kaiser Football

Fernando Peyroteo, mito goleador del Sporting de Lisboa de los años 40
Todavía humea el recuerdo del último disparo a gol con éxito de aquél pistolero implacable del Sporting de Lisboa. El eco del “¡Caréga María!” aún resonando desde la banda en boca de su técnico, el exigente húngaro Joseph Szabo. El entrenador capaz de perdonarle una multa a cambio de acompañarle a comprar el despertador más caro para que jamás volviera a llegar tarde a un entrenamiento. Con aquél grito expresaba en su dialecto natal la señal inequívoca de que Fernando Peyroteo ya armaba su pierna con la peor de las intenciones. La temporada 1944/45 ha terminado, con un Subcampeonato en Liga y una “Taça” como botín y Peyroteo aprovecha para desenfundar ahora su pluma y disfrutar de otra de sus pasiones, la escritura. En 1937 aterrizó en Lisboa y junto a los cientos de goles que desparramó por los Estadios portugueses, llenó la maleta de su gusto por el cine y la literatura y que ya en su Angola natal disfrutaba en su tiempo libre. Así que una vez con la satisfacción por el deber cumplido, el que desde entonces es el goleador más efectivo de todos los tiempos escribía la siguiente carta para El Mundo Deportivo y que el diario llevaba en su portada de la siguiente manera con la firma de Francis:

“¡Qué gran muchacho es Fernando Peyroteo!. El máximo delantero centro de Portugal, internacional por derecho propio y la figura de más relieve en el deporte del país hermano y vecino, es un buen amigo, notable cronista y… ahora, un buen comerciante en ciernes. De tanto en tanto cambiamos algunas cartas con el “prodigio” de Angola, la tierra natal de Fernando y, de todas ellas, entresacamos cosas de verdadero interés que no siempre trasladamos a las cuartillas.
Pero ahora, una nueva carta de Fernando Peyroteo, viene tan pletórica de sugestivas noticias, que no podemos menos de entresacar algunos párrafos de la misma para ofrecerlos a la voracidad de nuestros lectores.Vamos pues a comenzar la selección de confesiones del internacional portugués.


PEYROTEO: “Pues ya hemos terminado la temporada. Fue de cara y cruz, o sea lo que vosotros llamais “mitad y mitad”: los partidos internacionales fueron en parte de éxito moral y de poco éxito de marcador. Pero hay esperanzas de que nuestra clase llegue a reflejarse en los marcadores internacionales durante la próxima temporada y esto es más que suficiente para que, de momento, nos podamos dar por satisfechos.
Como jugador de un equipo de club, he dado fin a mi temporada conquistando el “título” de la “taça”, o sea la competición que vosotros denomináis Copa. Antes de llegar a la final tuvimos que vernos las caras con el “Bemfica”, nuestro eterno rival, lo cual, dio lugar a que tuviera que hilarse muy delgado, tan delgado que, fue preciso un tercer partido de desempate para que pudiéramos llegar a la final.
Y aquí radicó lo más amargo de mi vida deportiva; nunca había sido expulsado de un terreno de juego y yo estaba más que orgulloso de los títulos que la afición me otorgaba refiriéndose a mi caballerosidad. Pero esto terminó desde el momento en que un “granate” del Bemfica me provocó tan hábilmente que sin darme cuenta me vi metido y sin salida decorosa, sopena de haber pasado por…miedoso, en un conflicto que el árbitro resolvió expulsándonos al provocador y a mí. ¡Para esto me llevaron a Londres como botón de muestra de jugador ejemplar y “gentleman” cien por cien!
Me consuela el pensar que, mi expulsión, no ha podido evitar que el “Sporting Club de Portugal” llegara a la final de Copa con el Olhanense y la ganara, con ciertos apurillos de marcador, porque ya sabes bien que en una final el “malo” se vuelve “bueno” y el favorito las pasa bastante estrechas para adjudicarse el título que la “cátedra” le otorgó por anticipado con toda clase de facilidades.
¡En fin, chico, que hemos terminado la temporada felizmente y honores con nuestros “amigos” y vecinos los del Bemfica!

Ya sabes que mis deseos son los de no prolongar mucho mis actividades en los terrenos de juego. No es que me sienta viejo ni cansado, pero sí me preocupa mucho el día de mañana. Estoy casado, tengo mi casa y debo preocuparme del mañana, con tiempo, porque el fútbol no ha de durar siempre. Por ahora el ser cronista de deportes me ilusiona pero…aspiro a algo más remunerador e independiente; por eso estoy a punto de abrir una tienda de artículos deportivos en un sitio céntrico, muy céntrico, cerca de Rossio, 45, 2º, donde ya sabes tengo mi domicilio particular.
Esto es un hecho, y te agradecería me indicaras casas de artículos deportivos dispuestas a concederme la exclusiva de sus productos. Aquí hay un magnífico mercado y, sobre todo los balones de fútbol españoles tienen fama y son muy solicitados.
Armando Ferreira, el internacional que jugó contra vosotros en Las Salesias, está ya del todo bien. La mayoría de socios y admiradores del “Sporting” estaban plenamente convencidos de que no volvería a jugar hasta otra nueva temporada. Y la sorpresa fue mayúscula al verlo reaparecer en partidos decisivos, jugar como antes y no dar señales de la grave lesión que padeció.
Armando llevó su granito de arena para la consecución del título y ha dado motivo para que se hablara por aquí del Dr. Moragas. Y como creo que ha sido ya cursada una felicitación oficial, no hago hincapié en este punto.
Esperamos la visita de vuestro Barcelona para Septiembre. Se anunció su visita a Campo Grande, se abarrotaron las columnas deportivas de nuestros rotativos con historiales de vuestro famoso club y…todo se vino debajo de la noche a la mañana.
En un principio alguien llego a decir que el Barcelona tenía miedo de venir a jugar a nuestros terrenos pero, finalmente reconocióse que el más ajeno a la suspensión del viaje había sido el club de Les Corts.
Y no sé porqué tengo el presentimiento de que se han realizado gestiones muy eficaces y que el Barcelona nos visitará en la apertura amistosa de la nueva temporada. ¡Que así sea…aunque no seamos los blanquiverdes los visitados por tan ilustres huéspedes!”


Y esto es parte de lo que Peyroteo nos dice en su carta del 28 de Junio pasado, remitida “por aviao” y leída con la complacencia de siempre, máxime conteniendo inmejorables noticias de los buenos amigos que ya hace tiempo tenemos a las orillas del soberbio estuario del Tajo.

Mucho han cambiado los tiempos. Una nueva era de la comunicación nos invade ahora. El futbolista capaz de anotar 9 goles en un partido, 8 en otro, 6 en tres ocasiones, 5 en doce partidos y hasta 4 en 17 encuentros para levantar seis Bolas de Prata como máximo goleador de la Primeira Liga, no encuentra problema para sentarse en su escritorio, escribir una carta y meterla en un avión para contarnos con toda la humildad del mundo como le han ido las cosas. Hace unas semanas Cristiano Ronaldo, también ex del Sporting de Lisboa, recibía su cuarta Bota de Oro como máximo goleador europeo de la pasada temporada. Sólo habían pasado unos días desde que el crack de Madeira superara a Raúl González como máximo goleador de la historia del Real Madrid. Goles y más goles, récords y más récords reconocidos por el público en general y jaleados por sus aficionados para el mejor goleador desde los tiempos de Gerd Müller. Los diarios deportivos y los más importantes medios audiovisuales llevarán la hazaña en grandes titulares ignorando y dejando aparcada la postura del futbolista que no ofrece declaraciones a los medios desde hace varios meses. La actualidad manda. Pero a pesar del torrente de goles y records de CR7, un nombre siempre aparecerá junto al imponente dato de ser el futbolista con el mejor promedio goleador de todos los tiempos: el de Fernando Peyroteo, 331 goles en 197 partidos (1,68 por partido). Su gesta no llenará portadas ni grandes titulares en los medios de la época. Pero con la misma humildad y cariño que aquél goleador portugués amante del cine y la literatura pedía recomendación para su nuevo negocio en ciernes, nosotros le rendimos este sentido y merecido recuerdo tras viajar en el tiempo por la prensa de aquellos apasionantes años 40.

lunes, 5 de octubre de 2015

LA ULTIMA PARADA DE JESUS CASTRO

Publicado en el número 57 de Kaiser Football
Jesús Castro, en una formación de aquél mítico Sporting de los 80
Los pies de Jesús Castro jugaban con la espuma resacosa que las olas le entregaban antes de desaparecer entre la arena y volver a un mar que esa mañana del 26 de Julio de 1993 ya avisaba que iba a jugar fuerte. A un lado unos cuántos bañistas desafiaban desde la orilla las aguas frías y agitadas a partes iguales bajo la atenta mirada de una bandera roja que no perdía detalle. Al otro, dos pequeños con pinta de ingleses jugaban con un balón. Uno la pegaba de miedo. El otro aprovechaba para lanzarse sobre aquél manto de arena húmeda y así poder demostrar a su hermano que un día no muy lejano el uno de los Pross podría ser suyo. La misma edad, los mismos pateos, los mismos vuelos de Chusi hace 35 años junto a su hermano Enrique cuando lo de “Quini” todavía era propiedad del jefe de la casa de los Castro. Cuando recién llegados desde Oviedo y junto a la fábrica de Ensidesa, la carbonilla de aquellos campos negros como la noche cosían oscuras cicatrices en sus piernas al finalizar cada estirada a los remates imposibles de un Enrique que iba acomodando su cuerpo para años más tarde desde El Molinón regalarnos el golpeo definitivo. Aquella playa cántabra de Amió en Pechón, muy cerca de su Patria Querida, era el reducto perfecto para abandonar cuerpo y alma y poder reflexionar sobre la vida, sobre lo hecho y lo aún todavía por hacer. Habían pasado 8 años desde que Castro había decidido colgar los guantes. Tras de sí, el orgullo de 15 temporadas sacando manos en rojo y blanco. Por delante un mar de tiempo libre y muchas cosas en las qué pensar. En su futuro como gerente en varios negocios de gasolineras. En su hija Joanna, campeona de España juvenil a lomos de su precioso caballo. Pero siempre aparecía un resquicio para su Sporting de Gijón que aquella temporada recién terminada y con las nuevas joyas procedentes de Mareo como Juanele, Abelardo, Iván o Emilio asomándose al primer equipo, había rozado Europa en la primera temporada sin su amigo Joaquín. El último irreductible de aquél equipo que a principios de los 80 miró cara a cara a los grandes de nuestra Liga y en el que él mismo fue decisivo con sus paradas. Con un estilo sobrio y eficaz. Cercano al del mítico Iribar. Alejado a su vez de la espectacularidad y los vuelos del guardián de la selección de entonces, Luis Miguel Arconada y de su gran sucesor en el Sporting, Juan Carlos Ablanedo. Un estilo que caminaba de la mano de su personalidad, reservada e introvertida y que junto a su espigado físico y sus cabellos rubios ensortijados le habían valido el apelativo por parte de su afición de “Maizón” y que los más críticos le recordaban cuando ante un balón dividido todos le animaban a ir en su búsqueda pero Castro prefería una mejor ocasión para salir a por él y resguardarse en su portería. Pero si algo destacaba en Jesús Castro era su calidad humana. Una buena persona siempre dispuesta a echar una mano. En un discreto segundo plano. Consciente de que los focos iban dirigidos al líder de aquél fantástico equipo de los Doria, Joaquín, Cundi, Mesa y Ferrero. Al hombre de los remates imposibles. Enrique Castro “Quini”, su hermano. Risueño como pocos, el halago por sus excelentes actuaciones sonrojaba las claras mejillas de Jesús valiéndole el sobrenombre de “Manzanón” por parte del vestuario. Unos compañeros que sólo podían hablar maravillas de él.

Unos gritos de auxilio apartaron a Jesús de la profundidad de sus pensamientos. Ese mar bravo que aquella mañana agitaba la bandera roja de la prudencia había elegido como compañeros de juegos a los dos niños ingleses que hacía nada se desafiaban con un balón a unos metros de él. Y sus olas que nunca han entendido de edades ni banderas y sí de fuerza y nobleza comenzó a zarandear a los dos pequeños ingleses. Castro, aparcó la vida que fue y la que será, las gasolineras y los caballos de Joanna. El Maizón no necesitó que la Tribunona le arengará para salir a por aquél balón dividido. La jugada estaba clara. En un suspiro Castro, todo corazón, ya libraba su particular batalla para sacar a los dos pequeños de aquél lance fatal. Tras unos eternos minutos de lucha encarnizada con la fuerza de un mar loco por molestar, los dos pequeños lloraban a salvo entre los brazos de sus padres en la orilla de aquella playa de Pechón. A la vez, el cuerpo de Castro flotaba inerte sobre sus aguas víctima del esfuerzo realizado. Los que le conocen dicen que no sabía nadar, que era más hombre de interior. Que en las concentraciones apenas metía los pies en la piscina. Pero que cuando el guión lo exigía tras la puerta del vestuario local del vetusto estadio de El Molinón, Jesús Castro era el primero en mojarse y una voz que todos respetaban. La voz de una buena persona que se apagó para siempre entre las aguas de aquél mar que había sacado su guadaña y con el que hacía nada intercambiaba confidencias. Había nacido la leyenda…

Los días de partido la Mareona inunda de rojo y blanco la Avenida del Molinón y el Paseo del Doctor Fleming de Gijón. Al fondo el estadio más antiguo de España, El Molinón. La imponente Tribunona a un lado, un gran escudo del Sporting al otro. Custodiando sobre la fachada de uno de sus fondos al Río Piles que entre Avenida y Paseo ya vislumbra como la Ría de los Vagones le espera al final de su cauce para fundirse en un abrazo amigo con el mar. Y a mitad de camino entre el Estadio que fue toda la vida de Chusi y el mar que se la quitó, una placa para recordar que allí había un Parque al que llamaban Inglés y que hoy es de Los Hermanos Castro. Quini va sorteando con habilidad los avatares de la vida. Manzanón, junto a las estrellas, todavía se sonroja cuando generaciones de sportinguistas todavía siguen transmitiendo su legado en forma de leyenda. La de la última parada de una persona buena que le costó la vida a un gran portero.

miércoles, 22 de julio de 2015

EL SUEÑO DE IKER

Iker Casillas, leyenda del Real Madrid
No debe ser fácil despertarse de un sueño que dura 25 años. Una lágrima de dolor correteando por tu mejilla lo ha conseguido. Debe ser difícil abrir los ojos y encontrarte sólo ante unos extraños que te miran esperando que les digas algo importante. Quizá ellos no entiendan que lo más importante es que vienes de vivir lo que para ti es la historia más maravillosa jamás contada y que hoy se te está marchando para siempre sin poder hacer nada por evitarlo. Que te despiertas del sueño legítimo y compartido que perseguíais miles de locos pequeños en la mejor etapa de vuestra vida. El sueño de las buenas personas. Ese que te atrapó hasta el día de hoy. Desde que estampaste a fuego el uno a la espalda para ser el mejor, aseguraste tus diminutos guantes y antes de cerrar los ojos tuviste que mirar dos veces al pecho. El escudo que ibas a defender por primera vez a tus 9 años era el del equipo de tu vida. Y lo ibas a hacer tú, no otro. El sueño había comenzado. Que nadie lo despierte…

Durante ese trayecto has vivido momentos mágicos compartidos con gente única. En ese sueño te has cansado de levantar títulos, de romper records, de protagonizar portadas en los diarios de los lunes con la foto de tu última estirada imposible. Has sido el yerno ideal, el amigo de niños y mayores y te has codeado con Brad Pitt en las carpetas de las adolescentes de la época. Has visto como a 600 kilómetros otro loco bajito quería ser el mejor entre miles teñido de azul y grana. Apareció con una batuta, le dieron el 6 y cerró los ojos para a la vez que tú vivir su propio sueño. Os hicisteis amigos vestidos de rojo y amarillo y nos invitasteis a descubrir con vosotros aquellas mágicas noches de verano. En ellas quedarán sepultados para siempre los complejos de un país que destilaba furia y fracaso a partes iguales. Desde entonces ya nada será igual. Tu sueño continuará y verá preocupado como el paso del tiempo te aconsejó en más de una ocasión que lo mejor era despertar. Descubrirás lo mejor y lo peor de la condición humana. Te equivocarás, te caerás y querrás levantarte. Muchos pondrán el pie sobre tu cabeza para que no lo consigas. Otros la pedirán como presente para sus nuevos amos. Desvestirán tu madridismo para juzgarlo sin piedad dejando en el rincón del olvido aquellas tardes de vino y rosas. Los aplausos se tornaran música de viento y querrás despertar cuando el sueño se vuelva una pesadilla insoportable. Pero tu pasión por ese escudo te ayudará a continuar contra viento y marea.

No debe ser fácil despertar, girarse y ver que las pancartas de esos niños que ayer pedían tu camiseta ya no están. Hoy son un frío panel con la firma de importantes marcas comerciales. Siempre se pueden recoger unas monedas de entre las lágrimas de despedida de tu capitán para costear el fichaje de la próxima estrella en ciernes. Debe ser difícil observar con sana envidia como a la fiesta de graduación de tu amigo de azul y grana han ido todos, hasta la chica que le gusta. Y a la tuya no ha ido nadie. Te han dejado sólo con el gorrito puesto, un matasuegras desplegando indiferencia en cada soplido de tristeza y el micro haciendo el papel de una vela que no quieres soplar para que aquella historia no se apague para siempre. Para no despertarte del sueño que para ti ha sido vivir defendiendo la camiseta del Real Madrid. El sueño de aquél niño que anhelaba ser el mejor y conseguirlo todo. Hoy con todo conseguido y con las lágrimas de la emoción más sincera correteando por sus mejillas se conforma con que lo recuerden como una buena persona. La misma que hace 25 años compartía sueños con otros locos bajitos y con el escudo del equipo de su vida luciendo en su pecho comenzó a escribir una de las historias de amor a un club más maravillosa jamás contada: EL SUEÑO DE IKER CASILLAS.

sábado, 27 de junio de 2015

LAS LAGRIMAS DE VICTOR Y VALLEJO: A ZARAGOZA LA DEFIENDE SU GENTE

Víctor Muñoz, corazón de león zaragocista
Hace poco más de un año Agapito Iglesias estampó la firma más deseada por todos. Hizo las maletas, cerró la puerta y abandonó para siempre nuestras peores pesadillas. El zaragocismo respiró aliviado desatando por fin las cadenas que habían sometido a un león que yacía en un rincón, herido, desfigurado y cansado de tanto pelear por nada. Sonrisas cómplices, lágrimas de ilusión y bocanadas de aire fresco ante el nuevo escenario para una afición que ya no podía más. Y casi sin tiempo de ver alejarse para siempre las oscuras tinieblas que cubrían el cielo de la ciudad todos nos giramos al estruendo del portazo de despedida. Ante nuestros ojos y como un viejo edificio a punto de desmoronarse encontramos un club triste que devolvía la mirada a sus gentes con un gesto de preocupación y ahogado en un grito de auxilio desesperado. Sus maltrechos muros se habían vuelto fríos e insensibles tras el daño recibido. El fruto de una gestión desastrosa era una institución herida de muerte. Su estructura requería de una actuación rápida y eficaz para no venirse abajo y dejar sepultados para siempre los recuerdos, la pasión y el orgullo de sus gentes. Fueron semanas intensas, de incertidumbre y duras negociaciones. De grupos inversores, acaudalados empresarios y alguna que otra ave de rapiña escondida tras la silueta imponente de algún mito zaragocista intentando sobrevolar sus muros casi derruidos y lanzar la última dentellada para interés propio a un león vulnerable todavía en la pelea.

Con la Fundación 2032, encabezada por las familias aragonesas Yarza y Alierta, haciéndose cargo de la dura situación económica, el 15 de Julio de 2014 el entrenador aragonés Víctor Muñoz aparecía ante los medios para ofrecer una rueda de prensa tan emocionante como histórica. Con todos los equipos de la categoría en plena pretemporada y con sus plantillas ya confeccionadas, el Real Zaragoza era un esqueleto deportivo sostenido por un puñado de jugadores de futuro incierto y el reloj de la desaparición descontando los segundos inexorablemente. Y cuando lo fácil hubiera sido mirar para otro lado o alejarse disimuladamente de aquél edificio a punto de derrumbarse, Víctor, trabajador serio y honrado con toda una vida hecha lejos de Zaragoza y una reputación ganada con esfuerzo y dedicación dentro y fuera del campo no lo dudó. No iba a quedarse de brazos cruzados viendo el final del primer equipo de su tierra, el que le dio su primera oportunidad en el fútbol de verdad. Si aquello se venía abajo lo haría con él dentro. Desde el coraje y la fe inquebrantable que siempre exhibió de corto, apuntaló con su rocoso corazón maño aquél edificio en ruinas. Y con su inequívoco estilo nos dio la rueda de prensa más complicada de su vida. Con la voz quebrada y al borde del llanto explicó el porqué de su vuelta. Nos habló del instinto, de orgullo, de sentimiento, de supervivencia. Variables mágicas e intangibles que le habían arrastrado inconscientemente de nuevo a la primera línea de batalla. Del significado del Real Zaragoza como símbolo de identidad para la ciudad y para todo Aragón. De todo lo que supone para sus gentes. Con una emoción que rozaba lo trágico. Con unas palabras que provocaron que tras aquellos ruinosos muros aletargados por la infame gestión de los últimos años, se volviera a escuchar el ritmo latente de un corazón. El león empezaba a sentir…

Casi un año después y tras sortear con gran esfuerzo los obstáculos económicos que se iban planteando, el equipo se ha quedado a un paso de recuperar su sitio con los grandes del fútbol español. No ha sido un año fácil. La trayectoria ha sido más bien irregular. Fases ilusionantes con otras para olvidar. Víctor Muñoz fue destituido jornadas antes de terminar la primera vuelta. En el césped ha nacido un nuevo líder. El maño Jesús Vallejo, que a sus 18 años se ha convertido en capitán general y estandarte del nuevo proyecto zaragocista. La Romareda observa calmada como el minuto 32 de cada choque ya no es una bomba de relojería que estalla en dirección al palco. Las mágicas tardes del Play Off de ascenso, con una afición volcada con su equipo, han acabado por reforzar los cimientos en la reconstrucción de un edificio que unos meses atrás se desmoronaba irremediablemente. La estampa de Jesús Vallejo y su llanto desconsolado en Las Palmas tras ver como el anhelado ascenso se escurría entre los dedos, viajan en el tiempo hacia aquél 15 de Julio de 2014 para fusionarse con las lágrimas contenidas de un entrenador empujado hasta aquellos micros por el amor a unos colores y el único objetivo de sostener sobre sus anchos hombros la responsabilidad deportiva de un club que La Fundación 2032 intentaba salvar institucionalmente en los despachos. A pesar de que el ascenso era media vida económica para el Real Zaragoza esas dos instantáneas arrojan la mejor de las noticias. La imagen de un club que vuelve a estar vivo. Queda mucho camino por recorrer pero el Real Zaragoza ya siente. El edificio empieza a levantarse haciendo fuertes sus bases y tras sus muros el león va cerrando sus heridas y ya ruge con orgullo como a lo largo de su historia siempre ha hecho. Y si en los próximos años su guarida amenaza con venirse abajo víctima del paso del tiempo o de la lamentable actuación de algún irresponsable mandatario, la fuerza y la bravura de gente de la tierra como Jesús Vallejo han de hacerse notar desde el césped para sostener sus muros. Si no que nadie dude que fuera de allí Víctor, esté donde esté, volverá a levantarse, se remangará y con toda la humildad del mundo volverá a ofrecernos su corazón blanquiazul para apuntalar con su voz quebrada las veces que haga falta al club de su vida. Y es que como bien dijo el General Palafox, “ Ayer, hoy y siempre, a Zaragoza la defiende su gente”.