Mostrando entradas con la etiqueta Liverpool. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Liverpool. Mostrar todas las entradas

viernes, 8 de enero de 2016

RAFA BENITEZ, SUEÑOS EN BLANCO Y ROJO


Rafa Benítez, sueños entre Madrid y Liverpool
Aquella tarde Anfield Road lucía como en las mejores ocasiones. Con el traje rojo de las grandes tardes y las gotas de elixir suficientes transpirando por sus muros para seducir una vez más a sus aficionados. Pero sobre su manto verde esa tarde no corría el balón. Su marcador no reflejaba los nombres de dos contendientes listos para escribir la épica de un nuevo duelo. Tampoco el tiempo se esforzaba en avanzar en un reloj que para muchos se paró hacía ya veintidós años. The Kop, lleno como siempre, pero con menos sabor a cerveza y más emoción en unos ojos que ya lo han visto todo. Esa tarde del 15 de Abril de 2011 en Liverpool había silencio y no había partido. Veintidós años después se volvía la vista atrás para como cada año, homenajear a las 96 almas que dejaron su vida en la tragedia de Hillsborough. Con el sentimiento y el respeto con el que sólo en las Islas saben hacer estas cosas. Sobre el césped, la incansable Margaret Aspinal, miembro de la Hillsborough Families Support Group recordaba emocionada a su hijo fallecido aquél día en Sheffield y el esfuerzo de su Asociación en la búsqueda de justicia ante las autoridades por lo ocurrido. Y entre aquellas palabras el recuerdo sincero hacia Rafa Benítez, quien hasta hacía unos meses había sido su entrenador, por todo el apoyo económico y personal aportado durante los últimos tiempos. Anfield se pone en pie y rompe en una atronadora ovación hacia el madrileño. Abrumado, Rafa y su timidez permanecen en su silla. The Kop aparca el silencio contenido y jalea su nombre en uno de sus inconfundibles cánticos. Animado por su esposa Montserrat, Benítez se ve obligado a abandonar el anonimato que le ofrecía esa butaca de la tribuna de Anfield. Se pone en pie, entre lágrimas recoge el generoso aplauso que Margaret y toda aquella gente le ofrecen y les devuelve un saludo agradecido. Su etapa al frente del club ya finalizó pero su vinculación con la familia "red" es para siempre. Por encima de su constancia, dedicación y el brillo de varios trofeos esa tarde levanta la mejor de sus conquistas. El reconocimiento y el respeto a un trabajo desde uno de esos pocos clubs en el mundo que entienden el fútbol y la vida de otra manera.

Casi cinco años después de aquella tarde, desde Madrid, Rafa Benítez vuela de nuevo hacia Liverpool. En su maleta decenas de ideas sin desarrollar, cientos de experiencias sin vivir y un sueño roto en mil pedazos. Doscientos dieciocho días después de que emocionado fuera nombrado técnico del equipo de su vida, el Real Madrid, pasaba a ser una muesca más en el siempre humeante revólver de Florentino Pérez. Después de años de preparación, experiencia acumulada y éxitos en varios países, el sueño de su vida pasaba por delante de él dejando tras de sí la estela de una pesadilla difícil de comprender. Una plantilla todavía abrazada a los cantos de sirena de Carlo Ancelotti, su anterior técnico. Un equipo poco comprometido con los métodos de su nuevo patrón. Unos jugadores que a sus espaldas despreciaban el discreto historial vestido de corto de su entrenador. La opinión pública en barras de bar llenas de librepensadores titulados en el arte de saber alinear a los jugadores adecuados en el sistema preciso para una victoria segura. Cuatro o cinco jarras de cerveza les escuchan atentamente. Esbeltos licenciados en la mala educación, que con la boca llena y aceite en las comisuras exageran la opulencia de los platos que se sirven en su mesa. Diplomados en mil carreras ponderando su escasa preparación para un reto como el que tiene delante y que ellos, desde el anonimato de una red social, parecen estar cansados de superar. Periodistas de bufanda esperándole al mínimo tropiezo para lanzarse a su cuello y dar a sus amos el trozo de carne fresco del día. Un hueco vacío en la vitrina esperando junto a la número diez y mirándole en un evidente desafío. Al final, un sueño convertido en un diamante en bruto con miles de aristas imposibles de pulir. Y aún con todos esos condicionantes siempre esperó para un hombre de la casa, el cariño y la tregua que nunca llegó. La confianza en un proyecto en el lugar donde se desconoce el significado de ambas palabras. En cada aparición pública la imagen de un hombre cada vez más derrotado. La de un entrenador preparado pero superado y ninguneado desde dentro y desde fuera, que siempre aceptará la crítica con el respeto que en esa casa le enseñaron hace muchos años. Sabe que probablemente en ciertas cosas se ha equivocado pero no esperaba tantos palos en las ruedas de un carro ya de por sí difícil de mover. Y menos que descarrilará cuando apenas había echado a andar.


Rafa Benítez se marchará mordiéndose la lengua pero con la educación que le caracteriza. Sin hacer mucho ruido. Recogiendo los últimos pedazos de un sueño que jamás volverá. Dejando el menor rastro posible y deseando a la víctima que le sucede el mejor de los éxitos en su travesía por el alambre. Sus futuros éxitos serán los del Real Madrid, el equipo de Rafa desde chico. Liverpool ya le espera. Ese pequeño lugar en el mundo en el que el fútbol y la vida se entienden de otra manera. Allí tiene su hogar y allí le esperan Montserrat, y las pequeñas Claudia y Ágata. A pesar de todo lo vivido, su corazón siempre será blanco y aquí está su otra casa pero en esta ocasión no ha notado el apoyo de su gente. Cosa que sí siente a kilómetros de aquí. Allí respetan el fútbol, las personas y todo su trabajo. Y sabe también que en Liverpool, en cualquier paseo a orillas del río Mersey siempre podrá cruzarse con la infatigable Margaret que antes que verse reflejada en el frío metal de una Copa de Europa ganada in extremis siempre preferirá hacerlo en los ojos emocionados de su entrenador favorito. Y ese es por suerte otro sueño que jamás se romperá y le acompañará toda su vida.

domingo, 2 de noviembre de 2014

MERSEYSIDE, UN DERBY ENTRE LEYENDAS

Publicado en el número 50 de Kaiser Football
El Derby del Merseyside, un Derby entre leyendas...
Se dice en Liverpool, que si una de las dos estatuas de cobre y acero en forma de pájaro que custodian lo más alto de su Royal Liver Building echara a volar, la ciudad dejaría de existir. Que desde allí arriba, custodiando el río Merseyvigilan Liverpool. Mirada al frente y alas abiertas. Una mirando al puerto, esperando a los nuevos marinerosLa otra guardando expectante la ciudad. Otras voces nos cuentan que se trata de un macho y una hembra que desafiantes se dan la espalda y permanecen lejos la una de la otra, porque si un día decidieran aparearse, se alejarían de allí y Liverpool desaparecería para siempre. Son los Liverbirds. Así llamados por la mitología, aceptados como cormoranes en la actualidad. Estatuas que son imagen del Escudo de Armas del Rey Juan, fundador de Liverpool y que la ciudad adoptó como emblema para siempre. Leyendas de otra era. Mitos disfrazados de canciones y balones en este tiempo. The Beatles desde el vinilo. Everton F.C. y Liverpool F.C. desde los títulos y la épica. Para que sus ciudadanos sigan sintiendo con orgullo sus tradiciones. Para que como dos Liverbirds modernos, blues y reds, abran sus alas cada año y diriman desde lo alto del río Mersey la hegemonía del fútbol de la ciudad. En el Derby del Merseyside. El partido que más veces se ha jugado en el fútbol inglés. La ciudad que más títulos de Liga posee en Inglaterra. Rivalidad vecinal a una milla de distancia. La hegemonía de la urbe en 90 minutos. Los toffees nacieron antes Anfield fue su primera casa. No hay club con más temporadas en la élite. Los reds los empujaron a Goodison para desde Anfield Road construir su propia historia. Una de las más bellas jamás contadasThe Kop y su mágica atmósfera siempre presente a través de la tormenta. Decidí que era momento de sentir todo aquello en vivo. No había tiempo que perder. No fuera que antes alguno de esos pájaros decidiera echarse a volar…
 
Anfield emerge entre varias parcelas de unifamiliares. Como si tuviera la necesidad de sentir la cercanía de la gente. Para que los ecos de las batallas que se libran tras sus muros trasciendan rápido entre el pueblo y su historia nunca muera. Se levanta vetusto, orgulloso y con la pasión necesaria para cobijar al amor de su vida otros cien años más si hiciera falta. No es el más bello de los Estadios. Ni el más grandeni el más moderno. Pero sólo pronunciar su nombre intimida. Capaz de ganar batallas después de muerto. Y de morir con los suyos cuando se ha dado todo y dentro ya no queda nada. A unos metros, junto a sus paredes, “The Albert nos espera con sus inacabables cervezas. Sus paredes y techos la historia viva del fútbol del Viejo Continente. Cientos de bufandas y banderas de equipos de todos los rincones del planeta. Todos quieren su trocito de gloria en la cuna del fútbol de verdad. Allí dentro, un mar de camisetas rojas, cánticos, cerveza y más cerveza. El recuerdo a los 96 de Hillsborough muy presente en insignias, ropas y sus propias pieles. Para ellos nunca se marcharon y hoy a su manera volverán a vivir en Anfield. Delante de la fachada de The Kop, Bill Shankly nos recibe con sus brazos abiertos. Con él empezó todo cuando no había casi nadaSe acerca la hora del partido. El destino quiso que compartiera sitio en la grada con la afición del EvertonY que todo el baño de rojo de la mañana fuera teñido de azul por mi propio bien. El Estadio enloquece con la salida de los equipos. The Kop es un mar de banderas, de todos los tamaños, de todos los colores, que recuerdan a su rival la historia que les ha llevado a ser quienes son. Un fondo con vida propia dentro de Anfield. Con sus propias normas y códigos. Que adora por igual a su rutilante estrella y a quien dignifique su camiseta. Fútbol en estado puro. Atrona el “You´ll Never Walk Alone para decirle a los de rojo que ellos siempre van a estar allí. Pase lo que pase. Los aficionados blues no se dejan amedrentar y muestran a pleno pulmón el orgullo de su historia. El partido es tenso, sin un dominador claroMediada la segunda parte falta para el Liverpool al borde del área. Steven Gerrard agarra la pelota. Busca las costuras con el mismo encanto de los últimos 16 años. Mi desconocido compañero de al lado se agacha y mira por un buen rato al suelo. Lo ve venir. Gerrard saca la escuadra y el cartabón para confirmar las sospechas de mi amigo blue. Golazo por la escuadra para recordarle a nuestro fondo quien es el que manda allí. Los minutos pasan, y el Everton lo intenta sin suerte. Los hinchas toffees se desesperan. Deberán esperar hasta la segunda vuelta para devolverles la moneda. Hasta que en el 92, cuando no había tiempo para más, aparece Phil Jagielka. Para desde 30 metros poner su alma en un disparo y colarlo por donde ni el aliento de todo The Kop es capaz de sacarlo. Para marcar el gol de su vida. Nuestro fondo se viene abajo. Abrazos, locura, alegría desbordadaLos gestos serios son ahora felicidad. Han conseguido in-extremis  mantener la hegemonía del fútbol de Liverpool en suspense. Abandonan Anfield con una pícara sonrisa. Dentro de unos meses les esperan en Goodison
 
Cae la tarde en Liverpool todavía con el recuerdo y la emoción de aquél épico empateSus gentes todavía pasean por las calles con sus camisetas rojas y azules. Como si el partido todavía agonizara y quedara tiempo para voltear su resultado. Un paseo por el Albert Dock me permite sentir el contraste de ese Liverpool moderno y abierto al mar con el que acabo de dejar. El de los viejos edificios y calles llenas de vida con olor a música inglesa. Mi paseo termina en un imponente edificio. Es el Royal Liver Building. Mi mirada recorre sus 98 metros de altura. Allí, en lo más alto de ese gran bloque de hormigón descansan aquellos dos Liverbirds símbolos de ancestrales leyendas de la ciudad. Cada uno sobre una cúpula. Dándose la espalda. Cuidando de sus habitantes. Bien amarrados con cables de acero a sus torres. Saben que así nunca echarán a volar. así Liverpoolenvuelto en el punteo agudo de alguna guitarra del The Cavern pod seguir construyendo su mágica historia y por lo menos dos veces al año teñir sus calles de rojo y azul para discutir quién manda en una ciudad que vive el fútbol como pocas. Liverpool o Everton. Everton o Liverpool. En el Derby del Merseyside.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

GERRARD: ROJO LIVERPOOL

La tragedia de Hillsborough, un hecho que marcará la carrera de Steven Gerrard
Era un niño que crecía en un entorno feliz. Recibía el cariño que él proyectaba sobre los suyos sin esperar nada a cambio. Hermanos, primos, tíos, todos querían al pequeño. Amante de la natación y las bicis tenía una pasión conocida por todos: el Liverpool, el ciclón de Anfield que dominó el fútbol de las islas durante aquellos mágicos 80. Aquél 15 de Mayo de 1989 era uno de los días más felices de la corta vida de Jon-Paul Gillholey. Y así lo hacía saber a todos su sonriente rostro de 10 añitos y su corazón red que bombeaba ilusión y felicidad desde aquél coche que volaba desde Liverpool rumbo a Sheffield. Un par de valiosas entradas que su padre le había conseguido días antes, le reservaba una plaza en aquél vetusto estadio de Hillsborough para alentar a su equipo del alma en aquella semifinal de la FA Cup contra el Nottingham Forest. Un amigo de la familia que residía en Sheffield acompañaría al pequeño para presenciar lo que para él era algo más que un partido. El poder alentar en un duelo decisivo a los ídolos que empapelaban su habitación. El sueño de empujar a los Rush, Hansen y Barnes hacia la presencia en la final de Wembley por segundo año consecutivo y ante el mismo rival, los otros rojos, los del Forest de Pierce, Walker y Clough. Bufanda, camiseta y gorro hasta las cejas transformaban a aquél inocente chico en un simpático proyecto de hooligan, tiñendo sus 10 añitos de aquél rojo pasión que como Los Beatles en los 60 marcaron con el sello “made in Liverpool” todas sus actuaciones. Conforme se acercaban las 3 de la tarde de aquél primaveral sábado, el fondo de la calle de Leppings Lane, reservado a los supporters del Liverpool, comenzaba a plagarse de camisetas rojas. El "You´ll never walk alone" atronaba desde la grada e invitaba a los chicos de Kenny Dalglish a abandonar rápido aquél viejo vestuario para saltar al césped de Hillsborough y entregarse a aquella fiel afición que nunca les iba a dejar caminar solos. Jon-Paul había conseguido un fantástico sitio en aquél atestado fondo, justo detrás de la portería, uno de esos fondos ingleses donde el empuje de la afición es capaz de convertir en gol aquél centro de imposible remate. Sí, la verdad es que aquél encuentro emanaba aromas de auténtico fútbol inglés, el de la FA Cup, la competición de clubs más antigua del mundo. El ambiente era fantástico, todo estaba preparado y Jon-Paul buscaba desde su corta estatura la mejor perspectiva para ver a sus ídolos. Comienza el calentamiento. Grobelaar, Hansen, Staunton, Nicol...parece que están los mejores. No veo al "capi". Sí, allí está Whelan, y Nicol y Beardsley. ¿Y nuestro hombre gol?. Allí viene, con su bigote y su fusil todavía humeante desde su última conquista. El gran Ian Rush. No se nos puede escapar esta victoria...
 
Pero algo no marchaba bien en los aledaños del estadio. La falta de suficientes efectivos policiales y la excesiva aglomeración de aficionados deseosos de entrar en aquél fondo, muchos de ellos sin entrada, estaba provocando un caos considerable. Los equipos saltan al terreno de juego y el griterío del interior enciende más aún a las miles de personas de allí fuera que no ven la manera de acceder al recinto. Un oficial de policía emite una petición para retrasar el comienzo del partido. Es denegada. La situación se está volviendo insostenible. Dentro, el balón se pone en juego y un par de córners en los primeros minutos para los de Nottingham hacen pensar a Jon-Paul que la presencia en la Catedral de Wembley habrá que sudarla hasta el final. En el exterior se emite la petición de abrir la puerta “C” de salida para aliviar la situación, pero el máximo responsable policial, el Superintendente Duckenfield , también la deniega para evitar el acceso incontrolado a las gradas. El partido en disputa, la masa incontrolada, la policía desbordada y Duckenfield, inexperto con sólo dos semanas en el cargo, que finalmente ordena la apertura de la puerta “C” de salida. La histérica multitud se dirige al interior del recinto por las bocas de acceso que convergen en un único túnel que conduce a la zona central de aquél fondo. Jon-Paul, ajeno a la situación que se está provocando tras de sí, nota cómo la presión de los espectadores situados inmediatamente encima de él le empuja hacia las filas más cercanas al campo. Y allí, a pie de césped, le esperaba aquella maldita ratonera azul que en aquél momento estaba ejerciendo de trampa mortal entre el inocente niño y su pasión por unos colores. Agarró fuerte la mano de su acompañante. La única victoria que ahora importaba era no perder aquella mano salvadora. La presión de la masa incontrolada era insoportable y los gritos de ánimo de aquella gente hacia su Liverpool se tornaban ahora en gemidos de auxilio en busca de una bocanada de aire que aliviara semejante agonía. La policía, presa del pánico e ignorando la cruel batalla por la vida que se estaba librando en ese fondo, pensó que si abrían las vallas la invasión del césped podría provocar una batalla campal entre ambas aficiones. Pero nada más lejos de la realidad...
-¡Está muriendo gente allí dentro!-llegó a oídos del delantero del Liverpool Ian Rush. El árbitro consciente de que algo grave estaba sucediendo tras aquellas vallas decidió parar el encuentro. Pasaban 6 minutos de las 3 de la tarde y para entonces Jon-Paul ya había soltado su mano salvadora y su pequeño corazón ya había dejado de latir. Sus pulmones ya no recibían el aire de Sheffield y con 10 añitos se convertía en la más joven de las 96 almas que aquella tarde pintaron el cielo de Sheffield de rojo Liverpool.
 
De todos es sabida la particularidad y la tradición de la que beben los clubs ingleses en general y el Liverpool en particular. El gusto del seguidor por la tradición de lo añejo, el respeto a todo, hecho ó persona, que haya supuesto algo en la forja del club de su vida. La entrega del jugador por ese escudo cuando percibe semejante identificación entre grada y camiseta. Pocos de estos pueden quedarse ajenos a esa atmósfera que emana de los estadios ingleses durante un encuentro, tenga la importancia que tenga. Miles de gargantas empujándote a enorgullecer esa camiseta con tu esfuerzo. Sólo con eso ya eres uno de ellos. Por eso Steven Gerrard es reconocido a sus 30 años como uno de los mejores jugadores reds de ahora y siempre. Forjado en la cantera de la ciudad en la que nació, su amor al Liverpool hace del 8 un futbolista especial. Desde que Gerard Houlier decidiera en 2003 que Sammie Hyppia cediera la capitanía al jugador inglés, cada partido en Anfield supone para Steven la responsabilidad de comandar a sus compañeros desde los vestuarios hacia el encuentro con aquella gente. El brazalete se aprieta como una segunda piel y por sus oídos se filtran aquellas mágicas letras…♪♫♪ When you walk, through the storm ♫♪♫…No les pueden fallar, claro que no...♪♫♪ Hold your head up high ♫♪♫…Una mirada a ese escudo sobre aquellas escaleras le recuerda que está en Anfield. Pisa firme el césped y su mirada se clava en el fondo de The KOP.  Está repleto como de costumbre y su acústica y colorido son incomparables. Todavía hoy por un momento sonríe y cierra los ojos. Y en su imaginación observa a un aficionado de unos 32 años que devuelve la sonrisa orgulloso de su capitán. Un aficionado que es, en palabras de Gerrard, su verdadera fuerza y motivación para convertirse en el líder de su Liverpool. Es su primo Jon-Paul Gillholey que desde The KOP le grita al 8….. ♪♫♪ and you'll never walk alone, you'll never walk alone ♫♪♫.