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viernes, 8 de enero de 2016

RAFA BENITEZ, SUEÑOS EN BLANCO Y ROJO


Rafa Benítez, sueños entre Madrid y Liverpool
Aquella tarde Anfield Road lucía como en las mejores ocasiones. Con el traje rojo de las grandes tardes y las gotas de elixir suficientes transpirando por sus muros para seducir una vez más a sus aficionados. Pero sobre su manto verde esa tarde no corría el balón. Su marcador no reflejaba los nombres de dos contendientes listos para escribir la épica de un nuevo duelo. Tampoco el tiempo se esforzaba en avanzar en un reloj que para muchos se paró hacía ya veintidós años. The Kop, lleno como siempre, pero con menos sabor a cerveza y más emoción en unos ojos que ya lo han visto todo. Esa tarde del 15 de Abril de 2011 en Liverpool había silencio y no había partido. Veintidós años después se volvía la vista atrás para como cada año, homenajear a las 96 almas que dejaron su vida en la tragedia de Hillsborough. Con el sentimiento y el respeto con el que sólo en las Islas saben hacer estas cosas. Sobre el césped, la incansable Margaret Aspinal, miembro de la Hillsborough Families Support Group recordaba emocionada a su hijo fallecido aquél día en Sheffield y el esfuerzo de su Asociación en la búsqueda de justicia ante las autoridades por lo ocurrido. Y entre aquellas palabras el recuerdo sincero hacia Rafa Benítez, quien hasta hacía unos meses había sido su entrenador, por todo el apoyo económico y personal aportado durante los últimos tiempos. Anfield se pone en pie y rompe en una atronadora ovación hacia el madrileño. Abrumado, Rafa y su timidez permanecen en su silla. The Kop aparca el silencio contenido y jalea su nombre en uno de sus inconfundibles cánticos. Animado por su esposa Montserrat, Benítez se ve obligado a abandonar el anonimato que le ofrecía esa butaca de la tribuna de Anfield. Se pone en pie, entre lágrimas recoge el generoso aplauso que Margaret y toda aquella gente le ofrecen y les devuelve un saludo agradecido. Su etapa al frente del club ya finalizó pero su vinculación con la familia "red" es para siempre. Por encima de su constancia, dedicación y el brillo de varios trofeos esa tarde levanta la mejor de sus conquistas. El reconocimiento y el respeto a un trabajo desde uno de esos pocos clubs en el mundo que entienden el fútbol y la vida de otra manera.

Casi cinco años después de aquella tarde, desde Madrid, Rafa Benítez vuela de nuevo hacia Liverpool. En su maleta decenas de ideas sin desarrollar, cientos de experiencias sin vivir y un sueño roto en mil pedazos. Doscientos dieciocho días después de que emocionado fuera nombrado técnico del equipo de su vida, el Real Madrid, pasaba a ser una muesca más en el siempre humeante revólver de Florentino Pérez. Después de años de preparación, experiencia acumulada y éxitos en varios países, el sueño de su vida pasaba por delante de él dejando tras de sí la estela de una pesadilla difícil de comprender. Una plantilla todavía abrazada a los cantos de sirena de Carlo Ancelotti, su anterior técnico. Un equipo poco comprometido con los métodos de su nuevo patrón. Unos jugadores que a sus espaldas despreciaban el discreto historial vestido de corto de su entrenador. La opinión pública en barras de bar llenas de librepensadores titulados en el arte de saber alinear a los jugadores adecuados en el sistema preciso para una victoria segura. Cuatro o cinco jarras de cerveza les escuchan atentamente. Esbeltos licenciados en la mala educación, que con la boca llena y aceite en las comisuras exageran la opulencia de los platos que se sirven en su mesa. Diplomados en mil carreras ponderando su escasa preparación para un reto como el que tiene delante y que ellos, desde el anonimato de una red social, parecen estar cansados de superar. Periodistas de bufanda esperándole al mínimo tropiezo para lanzarse a su cuello y dar a sus amos el trozo de carne fresco del día. Un hueco vacío en la vitrina esperando junto a la número diez y mirándole en un evidente desafío. Al final, un sueño convertido en un diamante en bruto con miles de aristas imposibles de pulir. Y aún con todos esos condicionantes siempre esperó para un hombre de la casa, el cariño y la tregua que nunca llegó. La confianza en un proyecto en el lugar donde se desconoce el significado de ambas palabras. En cada aparición pública la imagen de un hombre cada vez más derrotado. La de un entrenador preparado pero superado y ninguneado desde dentro y desde fuera, que siempre aceptará la crítica con el respeto que en esa casa le enseñaron hace muchos años. Sabe que probablemente en ciertas cosas se ha equivocado pero no esperaba tantos palos en las ruedas de un carro ya de por sí difícil de mover. Y menos que descarrilará cuando apenas había echado a andar.


Rafa Benítez se marchará mordiéndose la lengua pero con la educación que le caracteriza. Sin hacer mucho ruido. Recogiendo los últimos pedazos de un sueño que jamás volverá. Dejando el menor rastro posible y deseando a la víctima que le sucede el mejor de los éxitos en su travesía por el alambre. Sus futuros éxitos serán los del Real Madrid, el equipo de Rafa desde chico. Liverpool ya le espera. Ese pequeño lugar en el mundo en el que el fútbol y la vida se entienden de otra manera. Allí tiene su hogar y allí le esperan Montserrat, y las pequeñas Claudia y Ágata. A pesar de todo lo vivido, su corazón siempre será blanco y aquí está su otra casa pero en esta ocasión no ha notado el apoyo de su gente. Cosa que sí siente a kilómetros de aquí. Allí respetan el fútbol, las personas y todo su trabajo. Y sabe también que en Liverpool, en cualquier paseo a orillas del río Mersey siempre podrá cruzarse con la infatigable Margaret que antes que verse reflejada en el frío metal de una Copa de Europa ganada in extremis siempre preferirá hacerlo en los ojos emocionados de su entrenador favorito. Y ese es por suerte otro sueño que jamás se romperá y le acompañará toda su vida.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

FERNANDO PEYROTEO, CARTAS DESDE UNA MONTAÑA DE GOLES

Publicado en el número 58 de Kaiser Football

Fernando Peyroteo, mito goleador del Sporting de Lisboa de los años 40
Todavía humea el recuerdo del último disparo a gol con éxito de aquél pistolero implacable del Sporting de Lisboa. El eco del “¡Caréga María!” aún resonando desde la banda en boca de su técnico, el exigente húngaro Joseph Szabo. El entrenador capaz de perdonarle una multa a cambio de acompañarle a comprar el despertador más caro para que jamás volviera a llegar tarde a un entrenamiento. Con aquél grito expresaba en su dialecto natal la señal inequívoca de que Fernando Peyroteo ya armaba su pierna con la peor de las intenciones. La temporada 1944/45 ha terminado, con un Subcampeonato en Liga y una “Taça” como botín y Peyroteo aprovecha para desenfundar ahora su pluma y disfrutar de otra de sus pasiones, la escritura. En 1937 aterrizó en Lisboa y junto a los cientos de goles que desparramó por los Estadios portugueses, llenó la maleta de su gusto por el cine y la literatura y que ya en su Angola natal disfrutaba en su tiempo libre. Así que una vez con la satisfacción por el deber cumplido, el que desde entonces es el goleador más efectivo de todos los tiempos escribía la siguiente carta para El Mundo Deportivo y que el diario llevaba en su portada de la siguiente manera con la firma de Francis:

“¡Qué gran muchacho es Fernando Peyroteo!. El máximo delantero centro de Portugal, internacional por derecho propio y la figura de más relieve en el deporte del país hermano y vecino, es un buen amigo, notable cronista y… ahora, un buen comerciante en ciernes. De tanto en tanto cambiamos algunas cartas con el “prodigio” de Angola, la tierra natal de Fernando y, de todas ellas, entresacamos cosas de verdadero interés que no siempre trasladamos a las cuartillas.
Pero ahora, una nueva carta de Fernando Peyroteo, viene tan pletórica de sugestivas noticias, que no podemos menos de entresacar algunos párrafos de la misma para ofrecerlos a la voracidad de nuestros lectores.Vamos pues a comenzar la selección de confesiones del internacional portugués.


PEYROTEO: “Pues ya hemos terminado la temporada. Fue de cara y cruz, o sea lo que vosotros llamais “mitad y mitad”: los partidos internacionales fueron en parte de éxito moral y de poco éxito de marcador. Pero hay esperanzas de que nuestra clase llegue a reflejarse en los marcadores internacionales durante la próxima temporada y esto es más que suficiente para que, de momento, nos podamos dar por satisfechos.
Como jugador de un equipo de club, he dado fin a mi temporada conquistando el “título” de la “taça”, o sea la competición que vosotros denomináis Copa. Antes de llegar a la final tuvimos que vernos las caras con el “Bemfica”, nuestro eterno rival, lo cual, dio lugar a que tuviera que hilarse muy delgado, tan delgado que, fue preciso un tercer partido de desempate para que pudiéramos llegar a la final.
Y aquí radicó lo más amargo de mi vida deportiva; nunca había sido expulsado de un terreno de juego y yo estaba más que orgulloso de los títulos que la afición me otorgaba refiriéndose a mi caballerosidad. Pero esto terminó desde el momento en que un “granate” del Bemfica me provocó tan hábilmente que sin darme cuenta me vi metido y sin salida decorosa, sopena de haber pasado por…miedoso, en un conflicto que el árbitro resolvió expulsándonos al provocador y a mí. ¡Para esto me llevaron a Londres como botón de muestra de jugador ejemplar y “gentleman” cien por cien!
Me consuela el pensar que, mi expulsión, no ha podido evitar que el “Sporting Club de Portugal” llegara a la final de Copa con el Olhanense y la ganara, con ciertos apurillos de marcador, porque ya sabes bien que en una final el “malo” se vuelve “bueno” y el favorito las pasa bastante estrechas para adjudicarse el título que la “cátedra” le otorgó por anticipado con toda clase de facilidades.
¡En fin, chico, que hemos terminado la temporada felizmente y honores con nuestros “amigos” y vecinos los del Bemfica!

Ya sabes que mis deseos son los de no prolongar mucho mis actividades en los terrenos de juego. No es que me sienta viejo ni cansado, pero sí me preocupa mucho el día de mañana. Estoy casado, tengo mi casa y debo preocuparme del mañana, con tiempo, porque el fútbol no ha de durar siempre. Por ahora el ser cronista de deportes me ilusiona pero…aspiro a algo más remunerador e independiente; por eso estoy a punto de abrir una tienda de artículos deportivos en un sitio céntrico, muy céntrico, cerca de Rossio, 45, 2º, donde ya sabes tengo mi domicilio particular.
Esto es un hecho, y te agradecería me indicaras casas de artículos deportivos dispuestas a concederme la exclusiva de sus productos. Aquí hay un magnífico mercado y, sobre todo los balones de fútbol españoles tienen fama y son muy solicitados.
Armando Ferreira, el internacional que jugó contra vosotros en Las Salesias, está ya del todo bien. La mayoría de socios y admiradores del “Sporting” estaban plenamente convencidos de que no volvería a jugar hasta otra nueva temporada. Y la sorpresa fue mayúscula al verlo reaparecer en partidos decisivos, jugar como antes y no dar señales de la grave lesión que padeció.
Armando llevó su granito de arena para la consecución del título y ha dado motivo para que se hablara por aquí del Dr. Moragas. Y como creo que ha sido ya cursada una felicitación oficial, no hago hincapié en este punto.
Esperamos la visita de vuestro Barcelona para Septiembre. Se anunció su visita a Campo Grande, se abarrotaron las columnas deportivas de nuestros rotativos con historiales de vuestro famoso club y…todo se vino debajo de la noche a la mañana.
En un principio alguien llego a decir que el Barcelona tenía miedo de venir a jugar a nuestros terrenos pero, finalmente reconocióse que el más ajeno a la suspensión del viaje había sido el club de Les Corts.
Y no sé porqué tengo el presentimiento de que se han realizado gestiones muy eficaces y que el Barcelona nos visitará en la apertura amistosa de la nueva temporada. ¡Que así sea…aunque no seamos los blanquiverdes los visitados por tan ilustres huéspedes!”


Y esto es parte de lo que Peyroteo nos dice en su carta del 28 de Junio pasado, remitida “por aviao” y leída con la complacencia de siempre, máxime conteniendo inmejorables noticias de los buenos amigos que ya hace tiempo tenemos a las orillas del soberbio estuario del Tajo.

Mucho han cambiado los tiempos. Una nueva era de la comunicación nos invade ahora. El futbolista capaz de anotar 9 goles en un partido, 8 en otro, 6 en tres ocasiones, 5 en doce partidos y hasta 4 en 17 encuentros para levantar seis Bolas de Prata como máximo goleador de la Primeira Liga, no encuentra problema para sentarse en su escritorio, escribir una carta y meterla en un avión para contarnos con toda la humildad del mundo como le han ido las cosas. Hace unas semanas Cristiano Ronaldo, también ex del Sporting de Lisboa, recibía su cuarta Bota de Oro como máximo goleador europeo de la pasada temporada. Sólo habían pasado unos días desde que el crack de Madeira superara a Raúl González como máximo goleador de la historia del Real Madrid. Goles y más goles, récords y más récords reconocidos por el público en general y jaleados por sus aficionados para el mejor goleador desde los tiempos de Gerd Müller. Los diarios deportivos y los más importantes medios audiovisuales llevarán la hazaña en grandes titulares ignorando y dejando aparcada la postura del futbolista que no ofrece declaraciones a los medios desde hace varios meses. La actualidad manda. Pero a pesar del torrente de goles y records de CR7, un nombre siempre aparecerá junto al imponente dato de ser el futbolista con el mejor promedio goleador de todos los tiempos: el de Fernando Peyroteo, 331 goles en 197 partidos (1,68 por partido). Su gesta no llenará portadas ni grandes titulares en los medios de la época. Pero con la misma humildad y cariño que aquél goleador portugués amante del cine y la literatura pedía recomendación para su nuevo negocio en ciernes, nosotros le rendimos este sentido y merecido recuerdo tras viajar en el tiempo por la prensa de aquellos apasionantes años 40.

miércoles, 22 de julio de 2015

EL SUEÑO DE IKER

Iker Casillas, leyenda del Real Madrid
No debe ser fácil despertarse de un sueño que dura 25 años. Una lágrima de dolor correteando por tu mejilla lo ha conseguido. Debe ser difícil abrir los ojos y encontrarte sólo ante unos extraños que te miran esperando que les digas algo importante. Quizá ellos no entiendan que lo más importante es que vienes de vivir lo que para ti es la historia más maravillosa jamás contada y que hoy se te está marchando para siempre sin poder hacer nada por evitarlo. Que te despiertas del sueño legítimo y compartido que perseguíais miles de locos pequeños en la mejor etapa de vuestra vida. El sueño de las buenas personas. Ese que te atrapó hasta el día de hoy. Desde que estampaste a fuego el uno a la espalda para ser el mejor, aseguraste tus diminutos guantes y antes de cerrar los ojos tuviste que mirar dos veces al pecho. El escudo que ibas a defender por primera vez a tus 9 años era el del equipo de tu vida. Y lo ibas a hacer tú, no otro. El sueño había comenzado. Que nadie lo despierte…

Durante ese trayecto has vivido momentos mágicos compartidos con gente única. En ese sueño te has cansado de levantar títulos, de romper records, de protagonizar portadas en los diarios de los lunes con la foto de tu última estirada imposible. Has sido el yerno ideal, el amigo de niños y mayores y te has codeado con Brad Pitt en las carpetas de las adolescentes de la época. Has visto como a 600 kilómetros otro loco bajito quería ser el mejor entre miles teñido de azul y grana. Apareció con una batuta, le dieron el 6 y cerró los ojos para a la vez que tú vivir su propio sueño. Os hicisteis amigos vestidos de rojo y amarillo y nos invitasteis a descubrir con vosotros aquellas mágicas noches de verano. En ellas quedarán sepultados para siempre los complejos de un país que destilaba furia y fracaso a partes iguales. Desde entonces ya nada será igual. Tu sueño continuará y verá preocupado como el paso del tiempo te aconsejó en más de una ocasión que lo mejor era despertar. Descubrirás lo mejor y lo peor de la condición humana. Te equivocarás, te caerás y querrás levantarte. Muchos pondrán el pie sobre tu cabeza para que no lo consigas. Otros la pedirán como presente para sus nuevos amos. Desvestirán tu madridismo para juzgarlo sin piedad dejando en el rincón del olvido aquellas tardes de vino y rosas. Los aplausos se tornaran música de viento y querrás despertar cuando el sueño se vuelva una pesadilla insoportable. Pero tu pasión por ese escudo te ayudará a continuar contra viento y marea.

No debe ser fácil despertar, girarse y ver que las pancartas de esos niños que ayer pedían tu camiseta ya no están. Hoy son un frío panel con la firma de importantes marcas comerciales. Siempre se pueden recoger unas monedas de entre las lágrimas de despedida de tu capitán para costear el fichaje de la próxima estrella en ciernes. Debe ser difícil observar con sana envidia como a la fiesta de graduación de tu amigo de azul y grana han ido todos, hasta la chica que le gusta. Y a la tuya no ha ido nadie. Te han dejado sólo con el gorrito puesto, un matasuegras desplegando indiferencia en cada soplido de tristeza y el micro haciendo el papel de una vela que no quieres soplar para que aquella historia no se apague para siempre. Para no despertarte del sueño que para ti ha sido vivir defendiendo la camiseta del Real Madrid. El sueño de aquél niño que anhelaba ser el mejor y conseguirlo todo. Hoy con todo conseguido y con las lágrimas de la emoción más sincera correteando por sus mejillas se conforma con que lo recuerden como una buena persona. La misma que hace 25 años compartía sueños con otros locos bajitos y con el escudo del equipo de su vida luciendo en su pecho comenzó a escribir una de las historias de amor a un club más maravillosa jamás contada: EL SUEÑO DE IKER CASILLAS.

martes, 20 de enero de 2015

EL SABIO, EL NIÑO Y EL FÚTBOL DE LA CALLE

Dedicado a mi hermana Silvia y a mis amigos atléticos de Soria

Fernando Torres, alumno aventajado de Luis Aragonés 
Aceptó ser el Sabio aunque siempre sostuvo que la sabiduría en casa de los Aragonés era cosa de su hermano Matías. Y para justificar semejante calificativo esperaba a las grandes citas. Para demostrar que el que más sabía de aquello era él. Sin grandes fórmulas ni ecuaciones mágicas llovidas en noches de inspiración y desvelo. Acercando al futbolista a los más primitivos instintos. La pasión, el rencor, la venganza. Al fútbol de la calle. Mezcla explosiva que acababa por saltar por los aires los resortes de la tensión acumulada por sus hombres en aquellos importantes partidos. Que otorgaban a sus jugadores el aliento necesario para hacerse siempre con ese balón dividido. Noventa minutos desde la emoción y el amor a tu escudo. La piel en cada centímetro de césped por esa grada entregada a tu esfuerzo. Y aquél 27 de Junio de 1992, Luis sabía que era uno de esos días. Levantar la Copa del Rey ante el Real Madrid en su Estadio bien lo merecía. Y allí, en las entrañas del Coliseo blanco, en el vestuario visitante, Luis esperó su momento. Diseñó minuciosamente la táctica, los movimientos, la estrategia. Trazó las líneas de la victoria sobre la pizarra. Decenas de flechas de ida y vuelta camufladas entre los nombres de los elegidos para la ocasión apuntando al corazón blanco. Luis terminó su exposición y miró a los ojos a sus jugadores:
-¿Lo han entendido?. ¿Sí?. Pues esto no vale para nada. Lo que vale es que sois mejores y que estoy hasta los huevos de perder con estos, de perder en este campo. Lo que vale es que sois el Atlético de Madrid y hay 50.000 que van a morir por vosotros. Hay que morir por ellos, hay que salir y decir en el campo que sólo hay un campeón y va de rojo y blanco.

A la media hora dos zarpazos de Schuster y Futre ya ponían tierra de por medio. Un Atlético hipermotivado devoró a un Real Madrid todavía noqueado por el desastre liguero de Tenerife tres semanas antes. Aquella noche de verano del 92 el cielo de la capital vió coronarse a un equipo al que su entrenador vistió para la ocasión con los colores del sentimiento y la emoción. Más de 22 años después de aquello, Fernando Torres abre la puerta de aquél Estadio que siempre le vió salir con el gesto torcido y la pólvora mojada. Jamás desvirgó las redes vikingas. Es la vuelta de los octavos de final de la Copa del Rey 2014/15. Es el Santiago Bernabeu. El Templo del enemigo de toda una vida. El 2-0 de la ida pone en ventaja a los colchoneros pero bajo aquellos muros, entre épicas hazañas, descansa sepultada la palabra imposible. No pueden confiarse. El Niño ha vuelto a casa hecho un hombre. Las pecas recogidas pero el mismo gesto de ilusión en su cara. El curriculum trazado con la pluma del éxito y la mochila cargada de unos títulos que cambió por goles decisivos. El Cholo no lo dudó y lo llevó a su Atleti. No  ha dado su mejor nivel ni en el Chelsea ni en el Milán y sabe que con el cariño de los suyos puede recuperar su mejor versión. Muchos lo ponen en duda y hoy tiene una gran oportunidad para cerrar las bocas del oportunismo más voraz. Hoy será el referente en el ataque rojiblanco. Como en aquella noche de verano del 92 la pizarra del vestuario visitante está repleta de líneas y más líneas que crean emboscadas imposibles para el rival, de trampas escondidas entre rápidas contras que puedan matar el partido. Fernando anda concentrado. Hoy es el día. En su pensamiento las palabras del Sabio. Sabe cuál es su trabajo. Lo ha entendido, sí. Pero eso no vale para nada. Lo que vale es que quiere volver a ser el mejor y que está hasta los huevos de perder en ese campo. De no saber lo que es enloquecer por acariciar esas redes. Lo que vale es que ha vuelto al Atlético de Madrid para volver a sentir en rojo y blanco.
 
Lo que sucedió después todo el mundo pudo verlo. La historia de una hazaña que no pasó del minuto uno de cada parte de aquél partido. El tiempo que Fernando Torres tardó en gritar gol al cielo del Santiago Bernabeu y dejar en blanco la página de la épica que desde Concha Espina ya empezaban a escribir. El Niño convertido en hombre ha vuelto a su casa para acabar la historia que dejó incompleta un día que decidió echar a volar. Para decirle al mundo del fútbol que aún tiene mucho que decir y derribar muros que antaño parecían infranqueables. En aquella fría noche de copa madrileña Torres se siente triunfador. Abrazos, felicitaciones y enhorabuenas. Y en una parte de su pensamiento las gracias al Sabio de Hortaleza. Ese que a cambio de goles y Eurocopas le regaló una manera de entender el otro fútbol. El fútbol de la calle. Ese que en los momentos importantes destruye pizarras y se juega desde la emoción y la mirada apasionada a tus jugadores.

lunes, 1 de septiembre de 2014

CHRISTIAN PANUCCI: LA VIDA POR UN EQUIPAJE

Publicado en el número 48 de Káiser Football
Christian Panucci perdió un equipaje y ganó una nueva vida 
Christian Panucci se había convertido en el inseparable socio de los casi 120 metros de línea de cal que delimitaban las autopistas por las que de córner a córner circulaba cada fin de semana en los estadios italianos. Acompañado por una escuadra casi invencible y plagada de fabulosos futbolistas como Baggio, Weah, Savicevic o Boban, el de Savona había secuestrado el 2 de la rossonera en una defensa que custodiaba junto a mitos como Maldini, Baresi o Costacurta. Un lateral de largo recorrido. El primero en la guerra a la hora de defender. Llegando por sorpresa en la vanguardia milanista por aquél carril hecho a su medida para derribar el muro rival y probar las mieles del gol hasta en cinco ocasiones a lo largo de aquella Serie A de la 95/96. Aquella temporada el A.C. Milán conquistaba el Scudetto superando con relativa comodidad a la Juventus de  los Vialli, Ravanelli, Deschamps y Del Piero más concentrados durante ese ejercicio en coronarse como campeones del Viejo Continente que en revalidar la gloria doméstica conquistada el año anterior.

Pero mientras se libraban las batallas por tierras italianas un objetivo en el horizonte esperaba a Panucci. Los Juegos Olímpicos de Atlanta´96. Una experiencia única para todo el que la ha vivido y que Panucci no quería desaprovechar. Con el brazalete de capitán apretando su brazo derecho y liderando la zaga azzurra junto a los también jóvenes Cannavaro y Nesta y el veterano Pagliuca bajo los palos, deseaba llevar a su selección los más lejos posible en la competición y disfrutar de todo lo que supone participar en unos Juegos Olímpicos. La Nigeria de Kanu y Amokachi, la Brasil de Bebeto, Rivaldo y Ronaldo o la España de Raúl y De la Peña no se lo iban a poner fácil. Pero unos días antes de la Inauguración de los Juegos, un fuerte golpe en la rodilla dejará a Panucci fuera del Campeonato. El capitán de la selección deberá dejar el equipo y verá alejarse la oportunidad única de participar en una Olimpiada. Maldiciendo su mala suerte Panucci abandona la concentración de Cincinnati y el 17 de Julio se dirige al aeropuerto John F. Kennedy de New York para coger un avión rumbo a Italia y una vez allí, en Pavia, ser tratado por el doctor Ceciliani. Al infortunio generado por la lesión se le une el malestar cuando observa que su vuelo, el 800 de la TWA, se dirige a Roma haciendo escala en París. Él quiere volar directo a Milán y no encuentra la manera de que le cambien su billete. Para colmo de males descubre que su equipaje ha sido extraviado. Para solucionar este contratiempo se dirige a un Asistente y este al ver el billete para Roma le apremia a embarcarse en su vuelo, pero como todavía disponía de tiempo Panucci decide dirigirse  a la ventanilla de Alitalia para informar del extravío de su equipaje. Allí explicará que su deseo es volar directo a Milán para no perder la revisión médica de su rodilla que tenía la mañana siguiente. Será entonces cuando le encuentren un billete con salida a las 19:30 destino Milán. Panucci se acomoda en su asiento y piensa en su mala suerte y esa maldita rodilla que le ha apartado del sueño Olímpico. Aterriza en Malpensa y al rato observa a varias azafatas de la TWA envueltas en lágrimas. Pregunta y es cuando le informan que el vuelo 800 de la TWA con destino Roma y escala en París ha explotado en el aire a los 13 minutos de haber despegado del aeropuerto de New York. El corazón le da un vuelco. Se le hiela la sangre. Era su vuelo. El que consiguió cambiar gracias a que perdió su equipaje. Aquella inoportuna lesión que capitalizaba todo su malestar y lideraba su infortunio quedaba reducida a una mera anécdota tras aquello. Había salvado su vida…
El destino, la mala suerte o simplemente porque las cosas tiene que pasar así, nos han dejado grandes catástrofes aéreas alrededor de la historia del fútbol. Equipos enteros atrapados entre los hierros de inmensos aviones. Allí han perecido cientos de goles sin celebrar, decenas de títulos sin levantar. Para construir con sus desgracias románticas historias escritas con la tinta de la épica y el dolor. Superga y Munich serán los destinos crueles de dos grandes escuadras. Una en la cúspide, el Gran Torino, que lideraba el mundo por aquellos lejanos 40. La otra el Manchester United de los Busby babes en los 50. Joven aroma de campeón que tras la catástrofe de Munich tardaría 10 años en convertirse en fragancia. El mar engullirá en 1987 al Alianza de Lima y Dennis Bergkamp padecerá una profunda aerofobia tras perder a varios compañeros en el desastre de Paramaribo (Surinam). Después aquél verano, Christian Panucci comenzará una nueva temporada liderando el lateral derecho milanista. Tras varias desavenencias con Oscar Tabares y Arrigo Sacchi, nuevos responsables técnicos rossoneros, firmará en Enero de 1997 por el Real Madrid de Fabio Capello. El decepcionante comienzo liguero del portugués Secretario llevará a Capello a solicitar a Lorenzo Sanz el fichaje del lateral italiano, al que ya tuvo a sus órdenes en San Siro. Tras su fichaje, un Panucci exultante cerrará unas declaraciones con la siguiente frase: “Al Madrid hubiera ido a pie”. Todos sabían que con esa frase hacía referencia a la magnitud del club blanco. En su interior es probable que hiciera un guiño al destino que en Julio del 96 le dio otra oportunidad en esta vida.