viernes, 3 de agosto de 2012

JORGE, RYAN GIGGS Y LA CAMISETA DE UN MITO

Ryan Giggs, un jugador de leyenda
Desde que aquél aparato había entrado en nuestras casas, Benny Hill había pasado al segundo lugar en el escalafón de nuestros productos británicos televisivos favoritos. Lejanos quedaban aquellos tiempos en los que intentar ver un partido de fútbol inglés se convertía poco menos que en un acto clandestino. Asi que desde aquél Canal+ de mitad de los 90, Jorge y yo descubrimos un fútbol que nos cautivó. El del passing game del Liverpool de Fowler y Mcmanaman y los goles del correoso Wimbledon empujando al rival en su área chica hasta hacerle claudicar. El del modesto Blackburn campeón de Hendry, Sherwood y Ripley y el imperial United del genial Cantoná. Descubrimos a Vinnie Jones, Dwight Yorke, Stan Collymore, al Ipswich Town y al Crystal Palace. Fútbol en estado puro. Y al caer esos sábados, cuando nos juntábamos para hacer aquellas cosas de los jóvenes de entonces, comentábamos el partido de esa tarde. Que si vaya manera de golear de Shearer o qué maravilla ver jugar al gran LeTissier en aquél vulgar Southhampton. Y entre todos aquellos personajes que íbamos descubriendo, uno destacaba de entre los demás. El galés del United Ryan Giggs. Regate prodigioso, velocidad endiablada y una calidad extraodinaria hacían de este veinteañero el jugador predilecto de mi amigo Jorge. Tanto es así que un día de verano del 95 decidí comprarle una camiseta del Manchester United. Sí, no era la oficial pero en la espalda llevaba su número y su nombre. El 11 de Giggs.

17 años y 34 títulos después, el de Cardiff agota sus últimos minutos de fútbol en su Manchester de siempre. Desde las entrañas de Old Trafford ha visto desfilar grandes estrellas, canteranos como él o fichados a golpe de talonario y va a presenciar de principio a fin la carrera futbolística de algún compañero mientras el ha permanecido allí, tirando rivales con la misma facilidad con la que levantaba títulos y más títulos. Y aunque sus veloces slaloms ya no desafían al defensa más preparado, su sola presencia infunde el respeto y la admiración conquistadas durante dos décadas de absoluta dedicación a su club. Cuando todo acabe dejará para la historia el aroma de un jugador irrepetible y unirá su legado al de Charlton y Best para dibujar los trazos de los últimos 50 años vestidos de diablos rojos. Pero seguramente su nombre nunca lo encontraremos entre los de los considerados más grandes de todos los tiempos. Dicen que los mejores jugadores necesitan de un Campeonato del Mundo para ingresar en el selecto grupo de los Dioses del fútbol. Giggs nunca ha pisado un Mundial y ni tan siquiera una Eurocopa ha podido disfrutar de su genialidad. Jurará fidelidad al dragón rojo galés para no lucir jamás los 3 leones del escudo inglés rechazando el ofrecimiento de la Federación Inglesa para jugar con ellos y privándose de disfrutar de los mejores torneos de selecciones. Sólo la idiosincrasia olímpica británica y la unión de los 4 territorios bajo la bandera de la Jack Union, permitirá a un Giggs casi cuarentón presentarse a lo grande en una gran competición internacional. Y no será en un torneo cualquiera. Como los atletas en la antigua Grecia, buscará su condición de mito capitaneando a un grupo de imberbes proyectos de futbolistas. Como en los antiguos Juegos lo hará delante de su gente, en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

17 años después, con algún kilo de más y algún pelo de menos, Jorge y yo compartimos de vez en cuando alguna tertulia futbolera al amparo de las nuevas tecnologías. Con España fuera de combate en Londres, y a pesar de mis pocas simpatías hacia lo inglés en general, solo me queda que Giggs aproveche su única oportunidad en un torneo que es una ventana al mundo para colgarse el oro al cuello y mirar cara a cara a los considerados los más grandes. Desconozco si Jorge piensa lo mismo e incluso si todavía guarda aquella camiseta con el mismo cariño con que yo se la regalé. Si lo hace, siempre podrá decir que aquella antigua camiseta que descubrió viendo fútbol en Canal+ hoy pertenece a uno de los más grandes de siempre. Al 11 del United Ryan Giggs. La camiseta de un mito.

domingo, 29 de julio de 2012

MESSI, BUSCANDO LA PERFECCIÓN

 
Leo Messi, buscando la perfección 
"Miglior giocatore del torneo, Leo Messi". La megafonía del Estadio anuncia que el jóven Leo ha sido escogido como el mejor jugador del torneo que el Juvenil B del Barça de Cesc, Piqué y el argentino acaba de conquistar en San Giorgio della Richilvelda (Italia) ante Parma, una selección del Friuli Venezia Giulia, Hansa Rostock, Eintrach Frankfurt, Treviso y Juventus. Corre el mes de Agosto de 2003 y el rosarino recoge el galardón tras haber maravillado a propios y extraños con su insultante destreza para tirar rivales a su paso, pelota cosida con aguja e hilo a una zurda prodigiosa. Su entrenador, el argentino Angel Guillermo Hoyos, se apremia a felicitarlo pero en su rostro no encuentra a un chico por completo feliz. Durante el torneo, Leo erró un penalty y aunque en la final logró transformar otro, aquél fallo no sale de su cabeza. Su carácter ganador y perfeccionista choca de frente con aquél error que no se perdona. Será Hoyos quien trate de consolarlo diciéndole que aquél portero podrá contar a sus hijos y nietos que un día le paró un penalty al mejor jugador del mundo. Más tarde lo pone a entrenar diariamente desde los 11 metros, explicándole que a lo largo de una temporada deberá tirar 5 ó 6 y puede que alguno de ellos sea decisivo. Puede estar en juego el campeonato o un torneo importante...

Abril de 2012. El rostro de Messi se esconde bajo la 10 azul y grana. Sabe que ese fallo ha sido clave para que su equipo se baje del tren de la Copa De Europa y como en aquél 2003 su rostro no puede esquivar la agria compañía de la frustración. El torneo juvenil es ahora un torneo del máximo nivel, Cesc y Piqué curtidos en tierras lejanas, le acompañan bajo el escudo culé y en la casa de Leo, aquél trofeo de verano se abre paso entre varios Balones de Oro. Sí, han cambiado muchas cosas, pero la ambición de Messi sigue intacta y su camino hacia la gloria no conoce desvío alguno. El partido ante el Chelsea ha finalizado y entre el júbilo inglés, embutido en esa camiseta, Leo parece distinguir tras el sonido de la madera de aquél chut desde los 11 metros, las palabras de su míster en aquél torneo en Italia. Él, que con sus goles ha llevado a su equipo hasta allí, ha podido tirar por la borda todo ese trabajo con ese fallo fatal. En aquél verano italiano será su entrenador quien consuele al joven jugador. En esta ocasión las palabras de Hoyos se transformarán en el aliento de 90.000 almas que le recuerdan al argentino que ese fallo no es más que una gota de agua en el mar de felicidad que Leo les ha regalado durante estos años. Para Messi no es suficiente. Volverá a ensayar penalties hasta la extenuación. Sabe que el fútbol le ofrecerá revancha. Y él se la tomará. No quiere que ningún portero le cuente a sus nietos historias para no dormir. Quiere que esos niños recuerden que buscando la perfección, un chaval argentino llegó a ser el mejor jugador de todos los tiempos.

miércoles, 4 de julio de 2012

FERNANDO LLORENTE, LA IMAGEN DE ESPAÑA

Fernando Llorente buscará su sitio en el Mundial
Llegaba al torneo tras haber exhibido por Europa la fragancia de los grandes nueves de antaño aunque vestido de smoking y chistera. El camión de La Roja, como fue bautizado por Pepe Reina durante la celebración por el Mundial de 2010, tenía todas las papeletas allá por el mes de Abril para circular en la delantera por las carreteras de Polonia y Ucrania, ceñido en esa roja de talla equivocada. Con Villa fuera por lesión, ni la luz al final del túnel de Torres ni la dura pugna de Negredo con Soldado parecían apagar el recuerdo de aquella volea a la red de Van der Saar en San Mamés ni la mayor exhibición de un delantero centro en un sólo partido que recuerdo en los últimos tiempos, la de la semifinal de la Europa League frente al Sporting de Lisboa. Aquella noche Zarra, Dani y Urzaiz se citaron en el cuerpo de aquél chicarrón para reescribir el manual del delantero centro moderno. Pero a Fernando Llorente no le van a salir las cosas como él pensaba durante esta Eurocopa 2012 y sus únicas carreras serán de locura tras unos agónicos penalties o por la banda esperando impaciente su momento. Un momento que nunca va a llegar...

Hace un par de décadas desembarcábamos en las grandes citas del verano futbolero embutidos en el trasnochado traje de la Furia Española. Nos mirábamos al espejo, nos gustábamos y nos creíamos ese papel de espartanos patrios dispuestos a discutir el título cuchillo en mano a las grandes de siempre. Y olvidando la pelota en el vestuario acababamos por virar nuestros galeones con las velas hechas jirones y el rostro desfigurado por el infortunio de alguna maldita tanda de penalties. Como estampa significativa recuerdo la de aquél verano del 90 en Italia con nuestra máxima figura goleando por tres veces a la "potente" Corea y dándose un baño de ego con la reivindicación de su figura sobre el equipo. Aquél dedo narcisista que señalaba a su amo y a la vez nos mostraba la imagen de una España casposa que progresaba al son de la especulación de cuatro ladrillos y faraónicas exposiciones.
Por eso considero la sonrisa de Llorente una de las imágenes de España en esta Eurocopa. La estampa del chico con clase, humilde y trabajador que llegaba para consagrarse y acabó por no sacarse el peto de los suplentes ni en el avión de vuelta a casa. El hombre que lejos de pensar en su situación actual, se tragó su ego, apretó los dientes, animó sin descanso a sus compañeros y se alegró el primero del éxito colectivo. La persona que bien podría encarnar los valores de la España difícil que hoy nos toca levantar, la de la gente buena que en silencio pone su trabajo al servicio del bien común. España y Llorente quieren tener su segunda oportunidad. Las gentes de bien siempre la tienen y por eso en 2014, mientras mi país se va olvidando de que tiene una prima por Europa, estoy seguro que por las áreas del gran Maracaná un camión buscará decidido sitio para aparcar...

martes, 31 de enero de 2012

GUY ROUX Y LOS POLLOS DE BOURGOINEL


Guy Roux, el hombre leyenda del Auxerre
Mayo de 1989. Stade Velodrome, Marsella, última jornada. El reloj camina decidido hacia el 90 para ir construyendo a cada segundo, la silueta de un Olympique campeón. La afición local sabe que el 1-1 actual le basta para alzarse con el campeonato y lleva en volandas a su equipo hacia la gloria de la Ligue-1. Enfrente el Auxerre, convidado de piedra en el presumible festín marsellés, se emplea con la dignidad del que se siente observado desde otros campos con un Campeonato en juego.
Fin del partido. La locura invade las gradas y en el césped  los nuevos campeones dan rienda suelta a su alegria. Carreras, saltos, lágrimas y un trofeo a las vitrinas. El primero de esos cinco que harán de ese lustro territorio marsellés. Había costado pero se ha conseguido. Entre el bullicio general un hombre observa desde la zona de banquillos la fiesta marsellesa. Atento y en silencio, Guy Roux mira espectante la actitud de sus pupilos. Sus chicos del Auxerre han hecho un buen partido y han conquistado con este empate un meritorio quinto puesto final. Pero éxitos deportivos al margen, Guy Roux espera paciente que acaten sus órdenes una vez el árbitro había indicado el final. Y con una sonrisa pícara observa con satisfacción como sus jugadores se avalanzan sobre el orgulloso campeón, le felicitan y con el torso ya desnudo ofrecen su elástica "auxerroise" buscando a cambio la de su rival. Los Papin, Sauzee y Allofs se despojan de su camiseta, aceptan el intercambio y se enfundan la del Auxerre...

Guy Roux no forma parte de la historia del AJA Auxerre. Guy Roux es el Auxerre. No existe la vida de uno sin la historia del otro. Aquél quinceañero que en 1954 aterrizó en la pequeña ciudad del sur de París decidió quedarse hasta 2005. Al mando del primer equipo 44 años de leyenda. Peleón de corto, viejo zorro en la táctica, el Stade l'Abbé-Deschamps no esconde ningún secreto para él. De su mano, Blanc, Boli o Cantoná pondrán  la primera piedra de sus brillantes carreras y un club que vestía de incógnito por el fútbol galo se subirá al ascensor de la gloria para no bajarse nunca más y discutir Ligas y Copas a los más grandes. Pero nadie se lo va a poner fácil, y el veterano Roux siempre se las va a ingeniar para sacar a flote a su equipo, exprimiendo los pocos recursos disponibles en el humilde club de la pequeña Auxerre.

En Marsella, Guy Roux enfila satisfecho las escaleras hacia las entrañas del Velodrome. A su alrededor, gritos de júbilo por una Liga, gente feliz y el húmedo ambiente de vestuarios. En su cabeza la satisfacción por el último gran servicio a su club por esa temporada. El patrocinador del Auxerre puede estar satisfecho. Durante las 48 horas siguientes a la consecución del título marsellés, en todos los medios de comunicación franceses veremos a los campeones mostrando a toda Francia los "Pollos de Bourgoinel", sponsor de los "auxerroises". Como dijo Demóstenes: " Las oportunidades pequeñas son el principio de las grandes empresas". Y en aquella tarde marsellesa el gran Guy Roux no dejó escapar su pequeña oportunidad...

sábado, 21 de enero de 2012

ZARAGOZA NO SE RINDE

Andoni Cedrún, Corazón zaragocista
 
"Sólo quiero que el Real Zaragoza sea un club normal". Desde sus 198 centímetros del zaragocismo más puro, Andoni Cedrún, sangre vasca en un corazón maño, explicaba con profunda desazón en una radio deportiva nacional, su impresión sobre la dura situación actual del club de su vida. Sus palabras se debaten entre la simpleza de lo evidente y el vértigo de quien se acerca al abismo. Y golpean con crudeza, por venir de quien vienen. De la bandera del optimismo y nobleza más racial ahora hecha jirones por la deriva de un club sin rumbo.

Andoni no reconoce este club. No conoce este equipo. Quizás porque las magulladuras recientes han dejado al guerrero del León herido de muerte y desfigurado. Quizás porque su optimismo enfermizo oscila violentamente entre la pelea de lo que quiere y lo que ve. Cuando él atajaba sus primeros balones oía las gestas de un equipo imponente y magnífico, que era obligado a salir de vestuarios de un campo inglés. No llegaba tarde al comienzo de aquella semifinal, no. Antes de abandonar Ellan Road, el aficionado británico quiso despedir a los artistas que habían dejado fuera de la final de la Copa de Ferias a su Leeds United con una exhibición de juego y goles. Corría 1966 y tras el 1-3, aquella ovación puso a Zaragoza en el mapa del fútbol europeo.
Dos décadas después esa historia la escribió el vasco. Recopa, tanda de penalties y la Roma de Boniek al suelo. El Ajax de Cruyff y Van Basten le despertó del sueño, pero Andoni, Europa y Zaragoza ya se habían citado para irse de Copas por París.
Eran tiempos de promesas, en los que Cedrún, desde lo alto de un balcón, emplazaba a 100.000 zaragocistas de un año a otro para entregarles los triunfos de un equipo histórico.
Pero más allá de los éxitos deportivos eran épocas en las que un club modélico en su gestión y señor en su imagen arañaba la gloria entre los gigantes nacionales y europeos.

Los tiempos han cambiado y las finales de Copa han dado paso a Leyes Concursales. El León no se reconoce en su nuevos trazos y el futbolista fiel a un club es ahora un muñeco de ida y vuelta. No como aquél portero que llegó buscando sitio desde un Athletic campeón y se quedó para siempre. Desde su grito desesperado, Andoni busca para el Real Zaragoza un estado de normalidad. No quiere que el León salga de su escudo para lanzar zarpazos a la Historia, ni ovaciones en campo rival. Ya no quiere quemar París desde un pateo celestial ni que la derecha de un "hueso" argentino ponga el azul a una montaña mágica destinada a ser blanca merengue. Ni tan siquiera añora levantar títulos prometidos. Sólo que alguien le prometa a él que algún día le devolverán al Real Zaragoza del que se enamoró.
Sus palabras suenan con la fuerza de quien desea un club respetado y admirado por una gestión seria y honrada. El deseo de pertenecer a un club reconocido por sus 80 años de valor y dignidad antes que por la efímera gloria del éxito.

Hasta que eso suceda Andoni levanta la voz por la tierra que un día le acogió y le hizo grande de Europa. No puede imaginar Zaragoza sin su equipo. El Pilar sin sus torres, el Batallador sin su espada, Agustina sin su cañón...Zaragoza sin su Real. Una ciudad y un equipo que Andoni nunca ha conocido. Ni conocerá. La ciudad en la que siempre habrá una lengua viva para decir que no se rinde. Siempre ha vuelto. Y volverá.

jueves, 29 de diciembre de 2011

BUTRAGUEÑO, EL GENIO QUE PARABA EL MUNDO

Emilio Butragueño, el genio que paraba el Mundo
"No comprendo porque algunos delanteros aceleran cuando están dentro del área". Finalizó la frase y esperó, como cuando detenía el tiempo ante sus defensores dentro de las áreas del Bernabéu, a que el desconcierto creado entre sus "rivales"contertulios le facilitara un brillante final a esa afirmación. Como aquellas que encarrilaban las victorias de su equipo allá por los 80. Emilio Butragueño, con ese gesto todavía torcido en su boca cuando sonríe y esa mirada pícara del más listo de la clase pero aún con todo por aprender, se marcaba esa reflexión durante una entrevista en un programa futbolero de la medianoche. Y con ella devolvía a mi imaginación aquella clásica estampa del Buitre cuando pisaba área. Las alas caídas, el balón controlado y ese gesto de desinterés que confundía a su defensor. En aquél fútbol de ida y vuelta, liberado de los corsés actuales, Emilio ofrecía un contrapunto a tanta velocidad y fuerza desbocada. Volaba para ganar su espacio, recibía para el golpeo con los ojos de su marca ya fijándole y cuando los 90.000 de la grada ya empujaban a gol con la excitación del momento él decidía parar el mundo para bajarse y convertir lo previsible en diferente. Permanecía por unos segundos quieto, casi hierático con el balón entre sus pies y el rival. Unos segundos que eran horas de desconcierto para su defensor. La confusión de quien no sabía si entrar ó aguantar. Si lanzarse a por ese balón ofrecido por el 7 ó esperar paciente el final de esa incómoda situación. Y Emilio, astuto e inteligente como pocos, diferente al fin y al cabo, aprovechaba cualquier movimiento, rival ó amigo, para volver y subirse al mundo. Una pared imposible con el compañero que llegaba ó un pase hacia donde hace nada no había nadie y el balón que besaba la red para enviar a un nuevo rival a la lona.

Butragueño forma parte de ese grupo de futbolistas diferentes que visten de smoking y chistera algunas de sus acciones y que justifican el injustificable precio de una entrada. Los dueños de un tic determinado, de un arte, un movimiento ó un gesto por el que sabes que él es el que está sobre el césped y no otro. Desde las lejanas estampas del "Divino" Zamora haciendo de su antebrazo la fuerza de un puño para romperla en su despeje. La silueta del anárquico Garrincha, aparcados sus aires de melancolía, tirando al contrario con la "gambeta" de sus desiguales piernas. El genial Romario girando sobre su eje y retratando defensas con sus "colas de vaca" ó Hugo Sánchez entregando el balón a la red desde la acrobacia de sus "chilenas". El "Flaco" Cruyff te la enseñaba para esconderla y salir sin que lo vieras y Zidane pinchaba en su pie lo que para el resto de los mortales era un marrón antes que el servicio de un compañero. La zurda y diestra de Iniesta y Laudrup tocan rápido para salir por donde no se puede y la "Pulga" Messi pega el cuero a sus botas para driblar a la historia y confundirse con el Dios Maradona.

Butragueño observa con satisfacción a su Madrid actual. Ciclón de potencia y ejemplo de disciplina táctica. De llegadas en tromba con calidad y pegada. Pero el Emilio actual echa en falta entre tanta vertiginosa carrera algún hombre que durante esos furibundos ataques pare el mundo, saque el traje del vestidor y haga de lo esperado algo distinto. Alguna acción que salga de lo común y convierta al artista en genio. Las que provocan admiración y hacen barato el precio de tu asiento. Alguno como aquél Buitre de mirada pícara que desaceleraba dentro del área, jugaba con la excitación de aquellos 90.000 y nos regalaba su inconfundible estampa para el recuerdo.

jueves, 8 de diciembre de 2011

ARCONADA: EL JUGADOR DE UNA GENERACIÓN


Luis Miguel Arconada, el ídolo de muchos niños de la época
No había patio en el que no hubiera uno. O dos, o tres o cuatro. Entre Santillanas y Quinis, entre Camachos y Gordillos siempre nos colábamos unos cuántos que hacíamos portería, dos mochilas a cada lado y dibujábamos un 1 a nuestra espalda. Con lo que no contábamos era con que sus primeros vuelos acabaron sobre la fina arena de las playas de San Sebastián y nuestros forzados aterrizajes lo hacían acompañados del frío cemento de aquellos patios. Pero daba igual, porque todos queríamos ser como él. Y cuando bajo la tenue luz aquellos partidos acababan y mochila a cuestas partíamos hacia casa preguntándonos qué nuevas paradas hacer para mejorar aquella portentosa actuación, la seria mirada de nuestra madre junto a la puerta de casa señalando desafiante su reloj, nos apartaba de nuestro sueño.
-¡No vamos a ganar para pantalones!.- decía mirando la minúscula rodilla que asomaba desde el interior de aquél agujero.
-Lo siento mamá, era Arconada...
Para toda una generación fué nuestro jugador, el número uno de nuestra infancia. El Zamora de nuestros abuelos, el Iribar de nuestros padres, el Casillas de nuestros niños. El más valioso de nuestros cromos. Un pájaro de gesto serio que volaba de un lado al otro de su jaula de tres palos para arruinar el esbozo de pícara sonrisa que el delantero iniciaba al ver la trayectoria ganadora de su disparo. El gran capitán de una Real Sociedad canterana y campeona en los 80. El líder de la furia roja de España. Luis Miguel Arconada Etxarri.
 
Junio del 84 en el Parque de los Príncipes de París. Una falta ejecutada por el gran Platini nos dió la primera bofetada futbolística nacional. La primera de muchas. Era la final de la Eurocopa de Francia´84. Aquél balón del 10 francés no salía de un cañón, ni volaba hacia un ángulo acostada sobre escuadra y cartabón. Aquél balón superó la barrera y pareció pedir permiso, lento su trayecto, para saludar a los guantes de Arconada. Y cuando cuerpo en tierra ya lo tenía, éste se escurrió bajo sus brazos, se burló de España entera y decidió traspasar la fatídica línea. Se nos iba la Eurocopa y la gloria abrazaba al orgulloso galo. Y los niños no entendimos porqué nuestro héroe nos había fallado. Vimos su gesto torcido y todos lo torcimos con él. Vimos sus lágrimas y las nuestras le acompañaron en la distancia. Calló su fracaso como gritó sus éxitos, en silencio. El silencio del héroe que aquella tarde se nos hizo de carne y hueso. Las plumas más críticas golpearon su moral, pero nosotros, los niños de aquella generación, estábamos a su lado porque todos queríamos ser como él.
 
2012, suenan tiempos de Eurocopa, de gestas y reconquistas por tierras del viejo continente. Andrés Palop, niño cuando yo, observaba hace casi 4 años desde el césped del Prater vienés las escaleras que le conducirían hacia su medalla de campeón de la Eurocopa´08. En la victoria sus compañeros recordaban amigos perdidos, otros a sus tierras chicas, pero él quiso homenajear al futbolista de una generación. Se enfundó emocionado la verde y negra del donostiarra y comenzó exultante el ascenso de aquellos eternos escalones que le recordaban lo costoso del camino hacia la gloria. Como cuando llegaba tarde a casa tras esos partidos sin luz, sobre el último escalón no le esperaba el reloj de su madre ni enseñaba la rodilla tras un agujero. Con su medalla le esperaba aquél 10 que nos arrebató la gloria en el 84. Como quién vuelve atrás en el tiempo, el francés miró sorprendido la camiseta de Palop y pareció comentarle con su mirada:
-Esa camiseta me recuerda a alguien-
-Señor Platini, era Arconada...- pareció responder orgulloso Andrés.
Platini puso la medalla sobre el cuello de Palop. Y un poco sobre el de aquella generación. La de los que soñábamos con ser Arconada...