miércoles, 13 de marzo de 2013

LA TRAGEDIA DE LA PUERTA 12

Publicado en el número 34 de Kaiser Football

El pasado 12 de Septiembre de 2012 la justicia británica se abrazaba a los familiares de las 96 víctimas de la tragedia de Hillsborough. La resolución ponía fin al asfixiado grito que salió de aquel fondo de Leppings Lane en Sheffield para viajar entre lágrimas durante 23 años en los corazones rotos de familiares y amigos. Desde entonces, el monótono gris del cielo de Liverpool por fin descansa en paz y sonríe rojo de agradecimiento. En Argentina, 73 almas ahogaron su aliento a Boca en la Puerta 12 del Monumental de Núñez. Fue allá por 1968, más concretamente un 23 de Junio. La misma sinrazón, el mismo sinsentido, la misma forma de morir. Distinta resolución. Dos países tan cercanos en su pasión por unos colores. Conmigo o contra mí. Puertas de entrada de la violencia más irracional al resguardo de históricas camisetas y emblemáticos escudos. Por Inglaterra los Hooligans. Por Argentina las Barras Bravas. Tan cercanos en mucho y tan distantes en su manera de afrontar y evolucionar tras el golpe y la tragedia. Y es que todavía no está muy claro lo que aconteció aquella fría tarde en Buenos Aires sobre la cancha del Monumental de River. Más bien lo único meridiano fue lo aburrido del 0 a 0 al final del tiempo de aquella enésima edición del superclásico argentino. Un empate que suponía un nuevo paso al vacío en los nueve años de sequía de River. Aquello iba para largo. Aún les quedarán nueve más. Para la gente de Boca más que suficiente con el placer de ver sufrir al vecino Millonario. La hinchada xeneize, que poblaba el fondo de la Avenida de Figueroa Alcorta, se disponía a abandonar el Estadio henchida de orgullo por haber resistido en territorio enemigo más que por el juego desarrollado por los suyos. Gritos, júbilo y los clásicos cánticos hacia el eterno rival. Pero algo estaba fallando. Todos debían abandonar el estadio por la Puerta 12. Una bocana oscura con varios y empinados escalones. El piso húmedo y una bombillita como única guía en este tortuoso y lúgubre camino de salida. Cuando los primeros descendieron aquellos escalones y llegaron abajo, encontraron la puerta cerrada. La ingente y ruidosa masa boquense de más arriba que desconocía la situación escaleras abajo continuó su camino y comenzó a presionar a los que ocupaban aquél túnel. La puerta permanecía cerrada y el tapón humano sintió la falta de aire. El peligro se convirtió en tragedia, asfixia y horror. Montones de personas amontonadas y pisoteadas y bajo sus cuerpos un reguero de sangre. La gran mayoría jóvenes de entre 13 y 20 años. Cuando por fin se abrió la puerta la montaña humana inerte cayó hacia la calle y los cuerpos se desparramaron por Figueroa Alcorta…

Los diversos testimonios de lo que allí aconteció se enredan entre la confusión y el misterio. Unos hablan de puertas cerradas y molinetes puestos. Otros de represión policial a golpe de dictadura sobre la fatídica Puerta 12 . Por uno u otro motivo la verdad de lo que tras esa puerta aconteció se difumina con el paso de los años y la justicia queda sepultada bajo el polvo de los informes de la época. La tragedia de Hillsborough trajo consigo una reforma del fútbol inglés bajo el denominado Informe Taylor. Una serie de medidas que bajo la supervisión del gobierno modernizarán el futbol británico y lo dotará de mayor seguridad. Estadios provistos de asientos, sustitución de alambradas por vallas de seguridad, prohibición de bebidas alcohólicas, mejoras en los accesos para una rápida evacuación del estadio e instalación de cámaras de video entre otras medidas. En aquella Argentina de 1968 será la AFA la que comprará el silencio de las voces que clamaban Justicia con exiguas cantidades de dinero a cambio de la renuncia a una posible demanda a River y a la propia AFA. Dos Campeonatos del Mundo y varias dictaduras después el fútbol argentino no ha aprendido. Más bien continúa en su espiral de delirio y violencia. Las Barras Bravas gobiernan las canchas a punta de pistola, perfectamente organizadas al amparo del poder y la corrupción y la vida de un espectador vale menos que un ticket de entrada al Estadio. En Inglaterra homenajes continuos a los 96, justicia y un presidente pidiendo perdón 23 años después. En Argentina un cambio de nombre a la puerta maldita y una pequeña placa son el único recuerdo de la tragedia.

Cuentan que en ocasiones se oyen golpes desde el interior de la Puerta 12 del Monumental de River. Al abrirla no encuentran a nadie. Sólo una empinada escalera, la luz tenue de una pequeña bombilla y en la lejanía algún grito de aliento a Boca entre desgarradoras voces de auxilio. Esas 73 voces que cada 15 días viajan desde el cielo a La Bombonera para mezclarse en el fondo de La 12 de Boca para animar sin descanso. Se cansaron de pedir justicia. Se conforman con que aquello no vuelva a suceder. Con que se tomen las medidas para que su Argentina se divierta con un fútbol civilizado que ellos no pudieron disfrutar. Hillsborough fue el principio en Inglaterra. Esperemos que en Argentina no haya que esperar a una nueva fatalidad. Que la tragedia de la Puerta 12 se quede en el penoso recuerdo de una tarde de Junio del 68 de un país que se apasiona con el fútbol como ningún otro en el mundo.

miércoles, 6 de febrero de 2013

SÓCRATES, EL MITO INOLVIDABLE

Publicado en el número 31 de Kaiser Football
Sócrates no jubaba para ganar sino para que jamás le olvidaran 
“No hay que jugar para ganar sino para que no te olviden”. Y lo consiguió. Porque por mucho que Paolo Rossi los sacase de aquél Mundial y que Tardelli gritara al mundo para levantar de su asiento al mismo Sandro Pertini, el recuerdo de aquél Brasil del 82 permanece latente en la mente de muchos aficionados. El dueño de esa frase es Sócrates. Y yo, que por aquél verano disfrutaba de mi primer Mundial con cierto conocimiento de causa me fijé en él. Había oído hablar de Brasil. De su fútbol y su historia. De Pelé y de Garrincha. De su escudo imperial y su “Ordem e Progresso”. Pero aquella estampa me impresionaba. 194 centímetros de líder apoyados sobre dos pedestales de 37 centímetros. Larga cabellera enredada, barba cerrada y el brazalete ajustado sobre aquella canarinha ceñida que fácilmente mostraba los efectos del calor de aquél verano mundialista. Y un nombre que seducía por la sola fuerza de sus sílabas. SÓCRATES. Un líder puro, uno de los mitos de mi niñez. Una niñez que buscaba en otros lugares los referentes que no le ofrecía un fútbol patrio que cabalgaba huérfano a lomos de la furia de los Lopez Ufarte, Satrústegui y Camacho. Unos ídolos que los niños de hoy encuentran en Iniesta y su Mundial para Jarque.

Sócrates concebía el juego desde el arte. De una rapidez mental fantástica hacía del primer toque una de sus virtudes y del tacón una de sus señas de identidad. Aparecía para comenzar la jugada y en el área contraria para acabarla. Lo abarcaba todo. El viejo Sarriá puede dar testimonio en uno de los partidos de todos los tiempos. El día que la belleza plástica del fútbol brasileño, con su anarquía y sus alegrías defensivas, decía adiós al que estaba destinado a ser su Mundial. Y de esa manera entrar de facto en el libro del mejor fútbol sin premio. El de la Hungría de Puskas y la Holanda de Cruyff. Aquella tarde el 8 la enganchó en medio del terreno todavía en campo propio. Avanzo por la zona derecha de su ataque, se apoyó en Zico y con su zancada elegante y soberbia se adentró en el área sin avisar para decirle al italiano Zoff que la iba a cambiar de palo y acabar colándosela por el corto. La imagen del portero en el suelo, desconcertado, la cal levantádose al paso del balón bajo los tres palos y su inolvidable puño en alto se mueven todavía en mi memoria.. Pero no fue suficiente. Brasil abandonó ese Mundial y también bajo su capitanía el del 86. La “saudade” le impidió triunfar en la Fiorentina y forzó su vuelta a Brasil. Pero no le importó. Ni a él ni a su mito en construcción. El ya había triunfado. Desde el día que consiguió licenciarse en Medicina para ser el Doctor Sócrates y desde el fútbol, la expresión del arte que rebosaba, pudo alzar el altavoz de su compromiso social a favor de los más necesitados y de las injusticias más evidentes. Reivindicaciones constantes desde el césped, dónde sabía su trascendencia y significado. Mensajes de compromiso en las cintas que frenaban el sudor de su frente. Ejemplos de libertad para un país que por aquellos 80 sufría la dictadura de Joao Baptista Figueiredo. Será en su Corinthians donde liderará la “Democracia Corinthiana”. En el “Timao” todo se decidirá bajo el consenso de todos los que formaban el club. Desde el presidente al utillero. Todo se someterá a votación. Desde el horario de los entrenamientos a la elección del entrenador. Una democracia que Sócrates añoraba para su país y que consiguió en 1985.

El fútbol ha cambiado mucho desde entonces. Ahora podemos encontrar desde auténticos atletas hasta implacables goleadores que descerrajan goles a ritmo de récord. Jugadores fantásticos y dechados en técnica y precisión. Futbolistas anuncio esclavos de la moda y marionetas en manos de representantes más conocidos que sus representados. Jóvenes forrados y en su mayoría poco comprometidos con la cruda realidad social actual. Por eso Sócrates es diferente . Poseía una inmensa clase, pero su carrera no hablará de grandes victorias de cortó ni de importantes clubs que dieran lustre a su curriculum. Y aún así será recordado como uno de los más grandes. Porque desde el compromiso social, la cercanía a los más necesitados y la lucha por la democracia llevó la imagen del futbolista un paso más allá. Porque alguien que elige cómo quiere morir y lo consigue solo puede ser un mito. “Quiero morir en domingo y que Corinthians levante un título ese día”. Y él lo consiguió. Aquél 5 de Diciembre de 2011, horas después de que sus problemas con el alcohol lo apartarán de la vida el Corinthians levantaba su quinto Brasileirao. Por eso y porque aquella estampa bajo el sol justiciero del viejo Sarriá que entonces me impresionaba, todavía vive en mi memoria. La estampa del Doctor Sócrates. No jugaba para ganar, sino para que no lo olvidáramos. Y no lo hacemos.

sábado, 26 de enero de 2013

DENNIS BERGKAMP, VICTIMA DE SUS MIEDOS

Publicado en el número 30 de Kaiser Football
El miedo a volar marcará la carrera del gran Dennis Bergkamp
La temporada no ha sido fácil y Dennis lo sabe. Pusieron todo sobre el verde pero finalmente no pudieron dar caza al PSV de Guus Hiddink y tuvieron que conformarse con el subcampeonato, tres puntos por debajo de los de Eindhoven. Sus trece goles han quedado lejos de los diecinueve con los que el brasileño Romario da Souza ha hipnotizado al público holandés para alzarse como máximo goleador. Esta 88-89 es la segunda temporada en la que ha tenido que enfundarse el traje de líder ajacied y en ese papel se encuentra cómodo. Son ya dos años sin Marco Van Basten que marchó a Milán para acabar de construir en San Siro el mito que comenzó sobre el vetusto De Meer, y el primero sin su mentor Johan Cruyff de vuelta ahora como técnico a Barcelona. Dennis Bergkamp tiene la difícil misión de hacerlos olvidar. A golpe de goles intenta erigirse en el faro de un Ajax que quiere arrebatar al PSV el liderazgo perdido en el fútbol tulipán. Tiene 20 años y un carácter introvertido, pero le acompañan un portentoso físico y unas condiciones técnicas innatas. No ha sido un año fácil, no. Pero el 7 de Junio de ese 1989 algo va a hacer que se convierta en una temporada para olvidar. Bergkamp recibe una fatal noticia. El avión que transportaba al equipo del Colourfull-11 integrado por futbolistas profesionales holandeses de origen surinamés, antigua colonia holandesa, se ha estrellado en Paramaribo, capital de Surinam, cuando se disponían a aterrizar para jugar varios partidos amistosos contra equipo locales. 176 muertos, 14 de ellos integrantes del equipo. Y entre los fallecidos su compañero, el portero reserva Lloyd Doesburg, siempre a la sombra de Stanley Menzo. El golpe es tremendo para el fútbol holandés en general y para el joven Bergkamp en particular. Le costará sobreponerse y afectará a su carrera deportiva…

Sus siguientes buenas temporadas harán que lo grandes de Europa se peleen por sus servicios. Y cuando todo parecía estar hecho con el F.C. Barcelona, Bergkamp decide acompañar a su amigo Jonk y firmar en el verano de 1993 con el Inter de Milán. Él mismo reconocerá con el tiempo que fue el gran error de su carrera deportiva. En el Camp Nou le esperaban Johan Cruyff y un equipo que conquistaba España y Europa enamorando con su juego. La difícil competencia en la delantera de un Barça ganador, la posibilidad de ganar más dinero en Italia o simplemente saber que en Milán estaría acompañado de su amigo de la infancia y compañero en el Ajax Wim Jonk, hicieron al rubio holandés decidirse por el equipo italiano. Pero la idiosincrasia del fútbol transalpino con sus férreas e impenetrables defensas fueron un muro difícil de superar para Bergkamp. Eso unido a una pésima relación con la prensa italiana y los técnicos y dirigentes neroazzurros le llevaron a buscar a finales de la 94-95 una salida a aquél infierno milanés que estaba frenando de forma nítida su imparable progresión. Pero antes de relanzar de nuevo su carrera en Inglaterra, un nuevo suceso aéreo ésta vez en primera persona, marcará para siempre su futuro. Y es que con el recuerdo siempre presente de la tragedia del Colourfull-11, el avión que le transportaba durante un vuelo interno por Estados Unidos junto a la Selección Oranje durante el Mundial de 1994 sufrió serios problemas en su aterrizaje. Presa del pánico un periodista holandés que viajaba junto a la expedición alertó sin fundamentos de la existencia de una bomba en el interior de la nave, lo que produjo un mayor nerviosismo entre los viajeros. Para Dennis este suceso activará una profunda aerofobia y a partir de entonces subirse a un avión le resultará un auténtico calvario. Sudores fríos, brazos agarrotados y la tragedia del Colourfull-11 en su cabeza. Será el Arsenal el que lo saque del Inter de Milán y le dé una segunda oportunidad. De la mano de Wegner volverá a sonreir. Goles, títulos y un Arsenal el de "los invencibles" que gobernará el fútbol de las Islas de la mano de los Henry, Pirés y el propio Bergkamp. Pero cuando los Gunners se lanzaban a la conquista de Europa tendrán que prescindir del holandés en multitud de ocasiones. La situación geográfica de las Islas Británicas pondrá de manifiesto más veces de lo normal su fobia a volar. Y si en ocasiones la solución consistía en partir dos ó tres días antes en coche hacía el destino europeo de turno para reunirse allí con sus compañeros, destinos como Madrid ó Moscú convertían en imposible el viaje por carretera. De esta forma Bergkamp incluyó una clausula en su contrato que le eximía de este tipo de partidos. Así privó a numerosas noches europeas de fantásticos goles y una inmensa calidad. La misma con la que inundaba los estadios ingleses. Su maestro Van Basten salió de la Eredivise para triunfar en un gran campeonato y conquistar Europa. Bergkamp le imitó en lo primero pero su miedo a volar cercenó las alas de su triunfo europeo.

Cuando Bergkamp repase su carrera tendrá motivos para sonreir. Las casualidades de la vida quisieron que su padre eligiera su nombre por el fantástico delantero del United de los 60 Denis Law, el escocés volador. Que su antecesor en la delantera del Ajax, se levantara y volara para fabricar remates imposibles. Que Cruyff, su padrino en los banquillos fuera conocido como el holandés volador. Y que él padeciera una insoportable fobia a volar. Sabe que ha sido víctima de sus miedos pero también que con los pies en la tierra, dibujando controles imposibles y liderando con sus goles hizo volar a la afición gunner para convertir a su equipo en una de las mejores escuadras de todos los tiempos.

viernes, 18 de enero de 2013

A UN INGENIOSO HIDALGO DEL BALON



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Un día me sentí Sancho Panza. Y no porque bajo aquella camiseta arlequinada se escondiera una prominente barriga. Mis 16 años no invitaban a ello. Sino porque a mi lado, sobre el punto de cal que delimitaba ambos terrenos y con sus tacos pisando el balón se encontraba aquél singular Don Quijote que me acompañaba en la delantera de aquél equipo de barrio. Como armadura un catálogo de huesos desordenados y por corcel un inagotable talento de futbolista de calle hacian de aquél chaval un tipo diferente. El atrevido oponente acababa de darnos un revolcón y antes de reanudar la batalla, allí sobre el punto central, giró desafiante su mirada sobre el rival ya formado, la volvió hacia mí y con aquellos ojillos inquietos me miró para hacer volar su imaginación junto a la mía:
-"Vámonos tú y yo con la pelota hasta la portería contraria."- me dijo.
Donde yo veía un infranqueable ejército de camisetas contrarias, aquél Ingenioso Hidalgo sólo veía gigantes que derrotar a golpe de engaño y regate. Él sabía que lo podía hacer. Era su manera de entender este deporte. Desafíos constantes desde la fragilidad de su famélica constitución. Retos a lo imposible desde la locura de su imaginación. Y detrás del balón y bajo ese pelo alborotado una persona humilde y entrañable con la que me entendía a las mil maravillas. Tocó el balón y yo lo retrasé hacia un compañero para sacar de un plumazo a mi Quijote de su delirio…

Casi 20 años después en mi equipo de amigos de siempre las barrigas dibujan más de un Sancho Panza y las armaduras chirrían oxidadas víctimas del paso del tiempo. La casualidad ha hecho que vuelva a compartir vestuario con aquél Quijote que conocí de chaval en un equipo de barrio. Aquella frágil figura deja paso a formas ahora redondeadas y sus cabalgadas terminan con un hilo de voz en busca de la anhelada sustitución. De vez en cuando coincidimos en el punto central tras un gol en contra y parece que no haya pasado el tiempo. Yo sigo viendo rivales donde él ve gigantes. Su mirada transmite sensaciones de antaño y aunque no me lo diga yo sé que en su imaginación está librando batallas imposibles para superar ese gol en contra. Arranca, se frena, la enseña, la esconde y la entrega a la red para volver a igualar el marcador. Pura magia. La vida le sonríe y eso es lo que más disfruto. Cuando acaba la batalla, cierra su libro de aventuras, y entre cigarrillo y cerveza se vuelve a convertir en la maravillosa persona que un día conocí. Aquél caballero de la triste figura que un día me hizo sentir su fiel escudero.




lunes, 17 de diciembre de 2012

UNA CARTA PARA SIR BOBBY ROBSON

Publicado en el número 29 de Kaiser Football
Sir Bobby Robson, un caballero del fútbol 
Desde allá arriba Sir Bobby Robson habla con las estrellas. Lo hace con esa inseparable sonrisa con la que vivió enganchado toda su vida. Les susurra por si alguna duerme, no quiere molestar. Les cuenta que allí abajo hay un deporte maravilloso llamado fútbol. Y que fue toda su vida. Les habla de su Ipswich Town, del Fulham, del Newcastle, de la pasión de sus gentes y de su aventura portuguesa. De un marciano llamado Ronaldo que un día se hizo Dios en tierra de santos para llevarle las manos a la cabeza. Y de otro al que llamaban el Pelusa que cogió prestada la del Creador para echarle de un Mundial. Les narra cientos de partidos, la FA Cup, goles en estrategia, el 4-4-2, juego por los extremos y de cómo aquél cerebro enfermo reducía el partido de su vida a un cruel uno contra uno. La vida o la muerte.

-El resultado ya lo sabeis, si no no estaría aquí hablando con vosotras- sentenció con esa flema inglesa que siempre caracterizó a este genuino gentleman del fútbol británico. Y cuando alguna ya se le apaga les habla de aquella carta. Ese papel que una mañana de 1994 en Oporto llegó a sus manos. Un educado y escueto escrito de un seguidor de los Dragoes que le animaba a buscar un hueco en el once a uno de sus delanteros, el portugués Domingos Paciencia. Los goles del ruso Sergei Yuran y del búlgaro Emil Kostadinov estaban cerrando el paso al punta luso y aquél aficionado estaba convencido de que su rendimiento mejoraría el del equipo. El Oporto ganará dos ligas consecutivas y en la segunda de ellas Domingos se proclamará máximo goleador y mejor jugador del campeonato. La dirección del remitente era la de su mismo bloque de pisos, un vecino suyo. El nombre Luis André, el apellido Villas-Boas. Su edad 16 años.
Ese insultante desparpajo sedujo a Robson que contactó con el chaval y le retó a que realizara un exhaustivo informe que le pudiera convencer de aquella sugerencia que tan valientemente le había lanzado. Y André así lo hizo. Tan sorprendido del resultado quedó Robson que le ofreció un puesto de ayudante en prácticas en el club del norte de Portugal. Miró, calló y se empapó de cuanto le rodeaba. Bajo la supervisión y el consejo de Sir Bobby Robson viajó hasta la
Lilleshall National Sports and Conferencing Centre en Escocia cuando todavía contaba con 17 años para continuar su formación e hizo de Portman Road su casa durante dos semanas para hacer del Ipswich Town de George Burley su particular ejercicio de prácticas. Creó del informe del adversario una auténtica obra de ingeniería que aprovechará José Mourinho para hacer de su Oporto y de su Chelsea unas máquinas casi perfectas. Y cuando se sintió preparado voló en solitario para aplicar todos esos conocimientos y convertirse en uno de los entrenadores con mejor futuro del fútbol mundial.

El fútbol es caprichoso y va a querer que los caminos de Villas-Boas y Domingos se junten en Mayo de 2011 con la Europa League mirándoles fijamente y buscando sitio en sus vitrinas. Oporto y Sporting de Braga luchan en Dublín por el trofeo soñado. Villas-Boas por buscar su cuarta captura de la temporada. Domingos por estrenar su palmarés. La testa de Falcao dará la gloria a los Dragoes. Y el fútbol, ese espectáculo lleno de mágicas coincidencias va a querer que el chaval que un día quiso relanzar la carrera de aquél delantero carne de banquillo hoy ponga freno a la del Domingos entrenador.
Allá arriba Robson le sonríe a aquél capricho de la vida y considera esa carta y a su remitente uno de los mejores legados que deja allí abajo. Mira a las estrellas, hace una pausa y las deja descansar. Va a seguir contando historias de un deporte maravilloso llamado fútbol. Y de un señor al que llaman The Special One. Les alerta para que estén atentas. Que no se duerman que con este tipo van a alucinar…

JEAN MARC BOSMAN, DEL CÉSPED A LOS JUZGADOS

Publicado en el número 28 de Kaiser Football
Jean Marc Bosman revolucionó el mundo del fútbol abriendo sus fronteras
Maradona se fue de Inglaterra entera para hacerse el rey del Mundo en un Estadio Azteca. Garrincha hizo del gambeteo un arte con sus desiguales piernas. Best se bebió la vida a regates. Superga hizo inmortal la historia de aquél Gran Torino. Sacchi y Guardiola tiraron de pizarra cuando todo parecía inventado. Messi no se cansa. Y luego está Bosman,centrocampista belga, mediocre sobre el verde hábil en los despachos. Los primeros hicieron bello el concepto de este deporte. El último simplemente lo cambió. Desde aquél día de 1990 en el que decidió no aceptar la oferta de renovación a la baja del RFC Lieja comenzó a buscar su particular hueco entre los que marcaron la gloria de este deporte y a marcar los renglones con los que se escribirá la historia reciente del balompié mundial.

El contrato de Bosman con el RFC Lieja había finalizado y cuando el Dunkerke de la segunda francesa y el jugador belga ya estaban estrechando sus manos para la incorporación del jugador, el RFC Lieja de acuerdo con la ley belga y la UEFA pide al club francés casi 12 millones de francos belgas en concepto de traspaso. Los franceses se niegan a pagarlo y Bosman ve frustrado su pase al fútbol galo siendo apartado del equipo por parte del club de Lieja. Es entonces cuando decide enfundarse el traje y la corbata y jugar el partido de su vida ante leyes, jueces y federaciones. De la mano de su excompañero Jean Louis Dupont deciden llevar a la Federación Belga y a la UEFA ante la justicia. Desean impedir que las reglas sobre transferencias y los cupos de jugadores nacionales impuestos por la federación supongan una limitación excesiva a la libre circulación de trabajadores entre los Estados miembros de las Comunidad Europea. Quieren que los futbolistas sean dueños de sus destinos una vez expiren sus contratos y que desaparezca la limitación en el número de jugadores comunitarios que pueden jugar en un mismo equipo. Exigen disponer de los mismo derechos que cualquier otro trabajador comunitario. En su defensa los clubs y la UEFA alegarán no ser empresas como tales, y que el deporte no puede estar sometido a las normas de otras actividades económicas. La guerra está servida y mientras Dupont va acercando el caso hasta el último escalón, el Tribunal Europeo de Justicia, Bosman va consumiendo su carrera en diversos clubs de segunda fila como el San Quintín de la 2ª División francesa, el Saint Denis de la Isla de Reunión y finalmente el Charleroi de la 3ª División belga. Ningún equipo de cierto nivel se atreve a firmar al jugador belga al que consideran más un problema que una solución a sus necesidades dada su situación en ese momento.

Será en 1995 cuando el Tribunal Supremo falle a favor de Bosman y el fútbol cambie para siempre. Los jugadores se harán con las riendas de su futuro y los nuevos magnates y grandes empresarios coleccionarán futbolistas como si de cromos se tratara. Conoceremos al Madrid de los Galácticos, al Spanish Liverpool, al Barcelona de los holandeses y al Chelsea de Abramovich. Haremos esfuerzos para dar con un italiano en el Inter y veremos como las diferencias entre los modestos y los más poderosos se agigantarán apoyados en abusivos contratos televisivos. Equipos como el Aberdeen, Malmoe o Malinas desempolvarán sus recuerdos para verse disputando finales europeas a los grandes del continente. En nuestro país, por la puerta abierta por Bosman se colarán Ciric, Ognjenovic y Renaldo, ejemplo de mediocres jugadores contratados a precios de estrella que ofrecerán escaso rendimiento a sus equipos.
 
A las afueras de Lieja una pequeña casa sirve de cobijo al actual Bosman. De entre las cajas de antidepresivos y varias botellas de alcohol medio vacías no quedan ni rastro del casi millón de euros que recibió en concepto de daños y perjuicios. Del físico de aquél futbolista de medio campo tampoco. Deambula triste por la ciudad belga, muy desmejorado y sumido en una profunda crisis, solo aliviada por la presencia de sus dos hijos. Malvive con las prestaciones que recibe a la espera de algún proyecto que reorganice ese caos en el que anda sumido. Antes de todo aquello no tenía mucho. Después de todo esto todavía tiene menos. Por eso no añora los sueldos millonarios que se mueven en la actualidad. De quienes los perciben solo espera un gesto solidario, un reconocimiento para quien un día saco del armario el traje y la corbata y puso patas arriba el orden establecido en el fútbol mundial para que ahora otros no menos mediocres que él dispongan de todos los medios posibles para encontrar su hueco entre Best, Garrincha y Messi. Jean Marc a su manera ya lo encontró.

lunes, 19 de noviembre de 2012

BUBAMARA, FUTBOL A ESPALDAS DE UNA GUERRA

Publicado en el número 27 de Kaiser Football
Pedrag Pasic, impulsor de la paz a través del fútbol
En Sarajevo se respira paz. Una palabra que no hace tanto esquivaba las balas del horror y yacía sepultada bajo los escombros de un genocidio sinsentido. La ciudad va ganando parte de la autoestima perdida y se va reconociendo frente a un espejo en el que todavía se refleja la silueta recortada de edificios mutilados y carreteras destrozadas. Ha sido duro, sí. Muchos, los que escaparon al horror de una muerte segura, se marcharon de Bosnia para siempre, en un éxodo tan obligatorio como vergonzoso. Otros se quedaron fusil en mano y algunos pocos para ayudar con las únicas armas de su voluntad y el cariño a una tierra. Entre estos últimos encontramos a Predrag Pasic, ex jugador bosnio de la década de los 80, natural de Sarajevo e internacional mundialista en España´82 con Yugoslavia. Elegante centrocampista, jugó durante una década en el FK Sarajevo, para más tarde probar suerte en la Bundesliga, primero en el VfB Stuttgart y más tarde en el Munich 1860, donde dio por concluida su carrera. Corría 1988, y Predrag decidía que era hora de colgar las botas y regresar a su país. Tiempo libre, balón aparcado y una vieja aspiración le llevan a abrir una galería de arte, su gran pasión. Pero en 1992 estalla la guerra de Bosnia y la violencia, el horror y la locura de aquél conflicto sacuden su conciencia. Son momentos difíciles que le invitan a tomar el camino más fácil, abandonar Sarajevo. Pero Predrag decide quedarse. El ha crecido allí. Sobre el césped del Estadio Kosevo y pateando un balón se hizo futbolista y persona. Por eso piensa en los niños de su ciudad y en la pelota como medio para superar aquél dolor y falta de alegría que la guerra ha traído a los más pequeños. Quiere también para ellos la oportunidad de una infancia al margen del odio y la intolerancia y para eso funda en 1993 la Escuela de Fútbol Bubamara. Un centro deportivo que a través del fútbol protega la inocencia de unos niños cuyos ojos no están preparados para el salvajismo de un conflicto cruel. Sea cual sea su lugar de procedencia o ideología, Pasic quiere reunir allí el mayor número posible. Radio Sarajevo lo anuncia a toda la ciudad y en poco 200 niños ya están apuntados. Llegan de todas partes de Sarajevo. Burlan puentes vigilados por francotiradores. Abandonan los sótanos familiares convertidos en improvisadas trincheras. Y allí en Bubamara les esperan Pasic y cientos de niños como ellos. En nada llegan a 300. Durante el tiempo que pasan allí juntos disfrutan del fútbol y los únicos disparos que oyen son sus tiros a puerta. En esas horas, sus miradas al cielo buscan cabecear los certeros centros de un compañero y no el amenazante ruido del motor de un bombardero serbio. Tras las redes de aquellas porterías de Bubamara se encuentra la cruda realidad de una guerra que ellos ignoran felices entre goles y libres directos. Es el objetivo y la apuesta personal del valiente Pasic. Que a través del fútbol aquellos niños encuentren en Bubamara el espacio de convivencia y respeto que fuera de allí los tanques y las ametralladoras les habían arrebatado.

En 1995 la guerra terminó. En la Bosnia actual, los niños de las escuelas de Pasic golpean con brío sus balones. Son ya más de 5000 repartidos hasta en 5 centros diferentes por todo el país. El fútbol bosnio va asomando su cabeza entre la élite del balompié europeo y sus estrellas buscan acomodo entre las mejores ligas del continente. Entre ellas la del delantero Edin Dzeko es la que más brilla. Formado en las filas del Zeljeznicar Sarajevo, rival antagónico del FK Sarajevo de Pasic, el destino le llevó a probar suerte en el FK Teplice checo que en su primer año allí cede a un todavía inexperto Dzeko al FK Usti nad Labem de la segunda checa. De vuelta al FK Teplice una espectacular temporada llama la atención del Wolfsburgo alemán que lo incorpora a sus filas. Tres grandes campañas con título de la Bundesliga incluido avalan su fichaje durante el verano de 2011 por el nuevo rico de las Islas Británicas: el Manchester City. En el vestuario citizen comparte éxitos con compañeros de varias nacionalidades. Franceses, belgas, argentinos, cameruneses, rumanos, españoles…y un serbio, Aleksandar Kolarov con quien Dzeko comparte algo más que una amistad. Dos niños de la guerra a los que el fútbol ha unido en Inglaterra. Dos hombres que han aprendido a valorar a las personas por encima de sus ideas y han forjado una relación más allá del City of Manchester. A menudo Dzeko se deja caer por su Sarajevo natal. Allí ha construido una espectacular casa y es el orgullo de todo un pueblo. El diamante, como lo conocen sus más allegados, disfruta de su gente y pelea en el Estadio Kosevo por poder llegar a defender a su país en un Mundial. A la salida de alguno de esos encuentros desea poder saludar a Predrag Pasic. Y allí, con el eco de la hinchada bosnia todavía resonando en sus oídos y el cuerpo dolorido por el esfuerzo realizado poder explicarle su vida en Inglaterra, la pasión de sus aficionados, el título de la Premier conquistado, la Torre de Babel de su vestuario…y el orgullo de su amistad con un serbio. Allí, junto al monumento a los hinchas del FK Sarajevo caídos en la guerra, poder volver a darle las gracias por aquellos años en Bubamara. Cuando el pequeño Dzeko cogía su balón, abandonaba su trinchera familiar, se unía a otros 300 como él y entre goles y libres directos aprendía los valores de la convivencia y el respeto al prójimo mientras fuera de allí el fuego cruzado de la intolerancia y el horror mutilaba y destrozaba una ciudad que hoy respira en paz.