lunes, 19 de noviembre de 2012

BUBAMARA, FUTBOL A ESPALDAS DE UNA GUERRA

Publicado en el número 27 de Kaiser Football
Pedrag Pasic, impulsor de la paz a través del fútbol
En Sarajevo se respira paz. Una palabra que no hace tanto esquivaba las balas del horror y yacía sepultada bajo los escombros de un genocidio sinsentido. La ciudad va ganando parte de la autoestima perdida y se va reconociendo frente a un espejo en el que todavía se refleja la silueta recortada de edificios mutilados y carreteras destrozadas. Ha sido duro, sí. Muchos, los que escaparon al horror de una muerte segura, se marcharon de Bosnia para siempre, en un éxodo tan obligatorio como vergonzoso. Otros se quedaron fusil en mano y algunos pocos para ayudar con las únicas armas de su voluntad y el cariño a una tierra. Entre estos últimos encontramos a Predrag Pasic, ex jugador bosnio de la década de los 80, natural de Sarajevo e internacional mundialista en España´82 con Yugoslavia. Elegante centrocampista, jugó durante una década en el FK Sarajevo, para más tarde probar suerte en la Bundesliga, primero en el VfB Stuttgart y más tarde en el Munich 1860, donde dio por concluida su carrera. Corría 1988, y Predrag decidía que era hora de colgar las botas y regresar a su país. Tiempo libre, balón aparcado y una vieja aspiración le llevan a abrir una galería de arte, su gran pasión. Pero en 1992 estalla la guerra de Bosnia y la violencia, el horror y la locura de aquél conflicto sacuden su conciencia. Son momentos difíciles que le invitan a tomar el camino más fácil, abandonar Sarajevo. Pero Predrag decide quedarse. El ha crecido allí. Sobre el césped del Estadio Kosevo y pateando un balón se hizo futbolista y persona. Por eso piensa en los niños de su ciudad y en la pelota como medio para superar aquél dolor y falta de alegría que la guerra ha traído a los más pequeños. Quiere también para ellos la oportunidad de una infancia al margen del odio y la intolerancia y para eso funda en 1993 la Escuela de Fútbol Bubamara. Un centro deportivo que a través del fútbol protega la inocencia de unos niños cuyos ojos no están preparados para el salvajismo de un conflicto cruel. Sea cual sea su lugar de procedencia o ideología, Pasic quiere reunir allí el mayor número posible. Radio Sarajevo lo anuncia a toda la ciudad y en poco 200 niños ya están apuntados. Llegan de todas partes de Sarajevo. Burlan puentes vigilados por francotiradores. Abandonan los sótanos familiares convertidos en improvisadas trincheras. Y allí en Bubamara les esperan Pasic y cientos de niños como ellos. En nada llegan a 300. Durante el tiempo que pasan allí juntos disfrutan del fútbol y los únicos disparos que oyen son sus tiros a puerta. En esas horas, sus miradas al cielo buscan cabecear los certeros centros de un compañero y no el amenazante ruido del motor de un bombardero serbio. Tras las redes de aquellas porterías de Bubamara se encuentra la cruda realidad de una guerra que ellos ignoran felices entre goles y libres directos. Es el objetivo y la apuesta personal del valiente Pasic. Que a través del fútbol aquellos niños encuentren en Bubamara el espacio de convivencia y respeto que fuera de allí los tanques y las ametralladoras les habían arrebatado.

En 1995 la guerra terminó. En la Bosnia actual, los niños de las escuelas de Pasic golpean con brío sus balones. Son ya más de 5000 repartidos hasta en 5 centros diferentes por todo el país. El fútbol bosnio va asomando su cabeza entre la élite del balompié europeo y sus estrellas buscan acomodo entre las mejores ligas del continente. Entre ellas la del delantero Edin Dzeko es la que más brilla. Formado en las filas del Zeljeznicar Sarajevo, rival antagónico del FK Sarajevo de Pasic, el destino le llevó a probar suerte en el FK Teplice checo que en su primer año allí cede a un todavía inexperto Dzeko al FK Usti nad Labem de la segunda checa. De vuelta al FK Teplice una espectacular temporada llama la atención del Wolfsburgo alemán que lo incorpora a sus filas. Tres grandes campañas con título de la Bundesliga incluido avalan su fichaje durante el verano de 2011 por el nuevo rico de las Islas Británicas: el Manchester City. En el vestuario citizen comparte éxitos con compañeros de varias nacionalidades. Franceses, belgas, argentinos, cameruneses, rumanos, españoles…y un serbio, Aleksandar Kolarov con quien Dzeko comparte algo más que una amistad. Dos niños de la guerra a los que el fútbol ha unido en Inglaterra. Dos hombres que han aprendido a valorar a las personas por encima de sus ideas y han forjado una relación más allá del City of Manchester. A menudo Dzeko se deja caer por su Sarajevo natal. Allí ha construido una espectacular casa y es el orgullo de todo un pueblo. El diamante, como lo conocen sus más allegados, disfruta de su gente y pelea en el Estadio Kosevo por poder llegar a defender a su país en un Mundial. A la salida de alguno de esos encuentros desea poder saludar a Predrag Pasic. Y allí, con el eco de la hinchada bosnia todavía resonando en sus oídos y el cuerpo dolorido por el esfuerzo realizado poder explicarle su vida en Inglaterra, la pasión de sus aficionados, el título de la Premier conquistado, la Torre de Babel de su vestuario…y el orgullo de su amistad con un serbio. Allí, junto al monumento a los hinchas del FK Sarajevo caídos en la guerra, poder volver a darle las gracias por aquellos años en Bubamara. Cuando el pequeño Dzeko cogía su balón, abandonaba su trinchera familiar, se unía a otros 300 como él y entre goles y libres directos aprendía los valores de la convivencia y el respeto al prójimo mientras fuera de allí el fuego cruzado de la intolerancia y el horror mutilaba y destrozaba una ciudad que hoy respira en paz.
 
 

miércoles, 7 de noviembre de 2012

ROBERTO MARTÍNEZ, ABRIENDO PUERTAS

Publicado en el número 26 de Kaiser Football
Robero Martínez triunfa como técnico en Inglaterra
Swansea. 3 de Mayo de 2003. Última jornada de la Football League Division 3. El tercer y agónico último silbato del señor Mathieson deja para siempre, inamovible, aquél 4-2 que brilla en lo alto del marcador y que torna en alivio el gesto angustioso de una afición que se precipitaba sin remisión hacia un descenso casi anunciado. La alegría se desborda en el vetusto Vetch Field de Swansea. En el verde el capitán Roberto Martínez se abraza a James Thomas. Sabe que el hattrick del punta ha sido vital para levantar aquél inquietante 1-2 favorable al Hull y que al filo del descanso apartaba a los galeses del fútbol profesional británico. Desde el banquillo, la mirada de Brian Flynn lanza un gesto cómplice al mediapunta español. Guiño y puño en alto, gesto inequívoco de victoria. Objetivo conseguido. Manager y jugador saben que su apuesta en Enero de aquél año ha resultado ganadora. El primero porque dotaba a su equipo en apuros de un jugador con la experiencia necesaria para ese tipo de situaciones. El segundo, amigo de las emociones, porque al abandonar el Walshall sabía que se embarcaba en el excitante reto de intentar salvar del descenso al equipo galés y quién sabe si de su desaparición. Y esa aventura a sus 29 años no la podía dejar escapar…

Aquella épica victoria supuso un punto de inflexión para el Swansea City. Roberto era feliz y capitán general de un equipo que sólo quería mirar para arriba. Sabía del respeto del fútbol inglés y lo quería saborear. Un respeto que se estaba ganando a pulso desde que aquél día de 1995 abandonó España y decidió emprender la aventura de su vida fichando por el Wigan inglés. Desde la mediapunta, su clase y pundonor robaron el corazón del aficionado latic, que en 2005 no dudo en nombrarle mejor jugador de su historia. Pero él sabe que el mundo del fútbol no suele ser agradecido. El resultadismo tiene la memoria corta y los oídos vagos para recibir el eco de batallas épicas recientes. Se alimenta de malas rachas y ni el singular fútbol inglés, amigo de entrenadores eternos, se libra de su crueldad. Y encuentra en los técnicos su manjar favorito. En Swansea, a mitad del siguiente ejercicio, Brian Flynn es empujado al abismo de la destitución. Y aunque con la llegada de Kenny Jacket el club consigue dos ascensos, el de Balaguer pierde la confianza del nuevo técnico y el brazalete de capitán pierde fuerza en su brazo hasta desaparecer. Corre la 2005/2006, son tiempos difíciles y aunque Roberto se resiste a abandonar la nave galesa finalmente opta por enrolarse en el Chester de la Ligue Two. Se le apaga el fútbol y quiere que sus últimos destellos sean a pie de césped y no acomodado en el frío asiento de un banquillo galés. Pero la profesionalidad y carácter del español habían dejado huella en Swansea y cuando durante la 2006/2007 al míster Jacket le vienen mal dadas, el club piensa en Roberto para enderezar el rumbo y acabar la temporada sin sobresaltos. No le quieren ver de corto, sino con ese impoluto traje que todavía pasea junto a los banquillos de los mejores estadios ingleses. La decisión no es fácil. A un lado acabar con toda una vida en la hierba tras un balón. Al otro comenzar la página en blanco de una excitante carrera entre pizarras, alineaciones y ruedas de prensa. Tiene 33 años y decide que como en Enero de 2003 es hora de volver a hacer historia. En la 2007/2008, su primer año completo, aúpa al Swansea City a la Championship y se queda en la siguiente a un paso de la gloria de la Premier League. Cuando el Wigan llama a su puerta, Roberto Martínez no puede decir que no. Allí se dio a conocer como futbolista y allí quiere crecer como entrenador. A pesar de su corta carrera en los banquillos el club conoce su valentía, seriedad y profesionalidad y apuesta por él. Su gran trabajo allí no está pasando desapercibido. Alex Ferguson ya ve en él al joven escocés que hace casi tres décadas llegó al Teatro de los Sueños para convertirse en leyenda…

Swansea. 20 de Octubre de 2012. El viejo Vetch Field perdió la batalla del tiempo y los cisnes galeses disfrutan ahora de su nuevo Estadio Liberty. Swansea y Wigan ya no buscan el pelotazo en cielo británico peleando por un ascenso soñado. Ahora intercambian caricias a un balón que agradece la llegada de aire nuevo al fútbol de las Islas. Comparten Premier League, gusto por el buen fútbol y tienen cita en el día de hoy. En las filas locales, la diáspora futbolística española ha colocado al asturiano Michu en la mediapunta del once galés. Llegador letal, con la fuerza de un rayo, exhibe una zancada tan poderosa como controlada a la hora de asociarse. Exuberante en las formas alimenta el imborrable recuerdo del uruguayo Poyet, referencia de llegadores sin avisar, si acaso el liderazgo del charrúa sea un reto a alcanzar todavía por el asturiano. Su fulgurante comienzo goleador rompe las palmas del entusiasta aficionado local. Pero hoy otro español va a robar a Michu una de esas ovaciones. Cuando el míster del Wigan asome su cabeza desde vestuarios camino del banquillo visitante, el agradecido aficionado galés a buen seguro le abrazará en un aplauso eterno. En aquél Mayo de 2003, mientras un imberbe Miguel Pérez Cuesta descontaba los días para su debut con el Real Oviedo, lejos de allí, Roberto Martínez se acababa de partir el alma para que el Swansea de Michu no desapareciera. Hubo un tiempo en el que un jugador español en Inglaterra era como un hooligan sin cerveza. Rara avis. Pero Roberto se la jugó, abrió la hermética puerta de aquél fútbol y se coló para quedarse. Le llamaron Bob, desde los tres cuartos pidió la pelota y empezó a trazar la silueta de un futbolista español que pedía un hueco entre ellos. Otros completaron esos primeros trazos pero aquella puerta ya estaba abierta de par en par para que el hombre del fútbol español, de corto o de impecable traje, entrara y aportara su clase en aquél fútbol de ida y vuelta. En aquél Mayo de 2003 una mirada cómplice del banquillo galés a su mediapunta agradecía aquellos meses de duro trabajo por la salvación. Hoy, Octubre de 2012, la cómplice mirada va de la mediapunta al banquillo del equipo rival, el Wigan. La mirada que envuelta en el aplauso agradecido del aficionado galés bien podría tributar Michu al gran Roberto Martínez. La del exitoso llegador moderno al del que llegó en tiempos difíciles para hacerse un nombre y abrir las puertas por las que ahora el asturiano, entre tantos otros, penetra exuberante, golea y sitúa al futbolista español entre lo mejor de la Premier.

viernes, 7 de septiembre de 2012

CRISTIANO, PANDIANI Y LA FELICIDAD

Walter Pandiani, fuerza y carácter al servicio del fútbol
El Rifle está contento. Sabe de la importancia de ese gol. Y también que esto es Agosto y la batalla no ha hecho más que empezar. Pero su Villarreal, desde el más profundo de los respetos tiene que recordar a la Segunda que en esa camiseta hace cuatro días asomaba bordado un balón estrellado y varios chavales agitaban con entusiasmo desde el centro una enorme pelota con sabor a Champions. Pandiani descargó su rifle y con su disparo oportunista ejecutó al correoso Guadalajara para dar la victoria por 2 a 1 a los del Madrigal. Camino despejado, que pase el siguiente. Este montevideano con alma de camionero está feliz y quiere compartirlo. Calza 36 tacos, sabe que el fútbol se le muere y disfruta esto como cuando aterrizó en La Coruña allá por el 2000. Por eso ha decidido invitar a comer a toda la plantilla a un conocido restaurante castellonense. Porque sabe que haciendo piña Villarreal tendrá más cerca ser lo que fue y no tuvo que dejar de ser. Y no será muy difícil acertar que un invitado inesperado se coló en el convite. Con sus palabras la noche anterior, Cristiano Ronaldo ha retado a Angela Merkel en las mesas de debate de la sociedad española. No hay humano que no sepa de su enigmática tristeza. Y Pandiani a buen seguro que habrá disparado entre plato y plato para recordar que él ya la tuvo con el portugués. Que en Enero de 2011 siendo rojillo de Osasuna salió en defensa de su compañero Camuñas, a tortas con el luso. Con el Reyno de Navarra en su estado de ebullición habitual cuando un blanco se asoma desde vestuarios, el Rifle apuntó directo a Ronaldo. La respuesta de éste una pícara sonrisa, ligero movimiento de sus dedos y una palabras directas al mentón del uruguayo:-¿Tú cuánto ganas?.

 
Varios meses después de ese gesto, Cristiano continúa su espectacular camino por la Liga Española. Goles y más goles, sin piedad. Goles, reconocimiento y algún título para inaugurar un palmarés seco por la aplastante hegemonía culé. ¿Algún reto por superar?, reto superado. Lejos de abandonarnos a la demagogia más barata podríamos afirmar que el ídolo blanco dispone de todos los componentes de la felicidad: bienestar, reconocimiento, cariño, dinero…lo sabe Pandiani, mucho dinero. Nada le falta. O por sus palabras sí. Y mientras las tertulias futboleras se encargan de acertar qué es aquello que hace del Ronaldo actual un hombre triste, Walter Pandiani, 36 años de esfuerzo, trabajo y goles continúa su particular búsqueda de la felicidad. Ha aparcado su camión, se ha vestido de amarillo y ha decidido buscar su sitio en las áreas de la Segunda. Sabe que allí se esconde su felicidad. Tirando defensas con su potencia, marcando sobre la bocina, invitando a sus compañeros. Para él ser feliz es el esfuerzo diario y ahora que por edad esto toca a su fin disfruta como pocos de lo que lleva haciendo toda su vida.

El uruguayo sueña con que su gol del pasado domingo se repita allá por el mes de Junio cuando la pelota dentro de la red separa a héroes de villanos sin reparar en el esfuerzo de 10 meses antes. Quiere volver a Primera y por qué no cruzarse con Cristiano. Igual para entonces el 7 blanco ha resuelto sus dudas con la felicidad y disfrute con todo lo que le rodea en su día a día. Y si el Rifle le vuelve a encañonar lleno de ira quizá esta vez se relaje, pase su mano por el hombro de Pandiani y haga suyas las palabras del escritor compatriota del rifle, Mario Benedetti: "Nunca pensé que en la felicidad hubiera tanta tristeza"

miércoles, 15 de agosto de 2012

EL SUEÑO DEL WEMBLEY FC

Le Saux, Seaman, Venables, Parlour y Canigghia. El Wembley F.C. el último reto de sus carreras.
Como Broadway o La Scala de Milán, Wembley es el icono de la interpretación, en este caso futbolística y el estadio donde todo jugador desea actuar. René Higuita sabía que elegía el mejor marco cuando decidió regalarnos un escorpión en su despeje y Geoff Hurst golpeó tres veces las redes alemanas para llevar la gloria mundial a la Inglaterra del 66. Sus muros disfrutaran en silencio de la portentosa actuación de la Hungria de los magiares mágicos del 53 y su victoria ante los ingleses por 3 a 6. Pero cuando el rodar del balón mutaba en guitarra eléctrica los muros de la Catedral del fútbol también se abrazaban a la mágica acústica que de allí salía. El "Live at Wembley 86" de Queen es uno de los momentos que con más cariño guarda en sus entrañas el estadio londinense. La exhibición de los rockeros de Freddy Mercury en aquél concierto y la emocionante comunión con los que allí estuvieron hablan a las claras del misticismo que encierra el estadio de Wembley. Un concierto que quedará para la historia. Por todo eso no podía existir mejor escenario para coronar al campeón olímpico del deporte rey en los JJ.OO de Londres 2012. El sábado 11 de Agosto un buen puñado de jóvenes futbolistas buscaron la soñada gloria olímpica. Los aztecas querían el primer oro para su país y presentarse al mundo para garantizarse un buen contrato en Europa. Los cariocas confirmar su favoritismo en el torneo y muchos de ellos estampar con una ansiada firma los pronósticos que ya les visten desde hace algún tiempo con los colores de algún grande europeo. México y Brasil jugaron la final.

 
Ese mismo día y unas horas antes, en el barrio de Brent al noroeste de Londres, a unos 2 kilómetros del estadio de Wembley, el equipo local salía satisfecho de los vestuarios del Vale Farm, hogar del modesto Wembley FC de la novena división inglesa. Acababan de derrotar por 3-2 al Langford FC en la Ronda Preliminar Extra de la prestigiosa FA Cup y continuaban así su camino en la competición de la mano de cientos de equipos amateurs británicos. El reto de todos ellos, alcanzar el sueño de enfrentarse a algún club profesional en alguna ronda posterior. Hasta allí nada nuevo que no lleve sucediendo durante los últimos 140 años de torneo. Pero cuando la portería del equipo vencedor la defiende David Seaman y la estrella del partido con un gol y dos asistencias atiende al nombre de Claudio Canigghia, la cosa cambia. La cervecera Budweiser ha patrocinado su fichaje por los leones del Wembley FC junto con los de los ex-internacionales ingleses Graeme Le Saux, Ray Parlour, y Martin Keown, el del americano Brian McBride y Terry Venables como asesor técnico. Como objetivo, reforzar al joven equipo del Wembley FC para llevarlo lo más lejos posible dentro de la FA Cup y porqué no alcanzar la final en el mítico Wembley. Un bonito desafío para quienes vivieron tardes de gloria sobre el césped de los mejores estadios ingleses y mundiales. Un ejemplo de superación de 5 cuarentones que han decidido atarse de nuevo las botas y con la ilusión del que comienza en esto, desafiar a un físico que ya había empezado a dar por perdida la batalla contra el paso del tiempo.

 
Desde el pequeño campo de Vale Farm se divisa majestuoso el Estadio de Wembley. El mismo día que los jóvenes mexicanos salían de él con el oro al cuello, el modesto club de la novena inglesa daba un paso más para llegar hasta allí a lomos de la FA Cup comandado por los cinco valientes veteranos. Curtidos en mil batallas, la velocidad mental ha sustituido a la física pero el hecho de poder llegar hasta Wembley supone un aliciente más en unas carreras que ya transitaban entre libros, trofeos y cintas de video. Significa la posibilidad de poder demostrar al mundo que los viejos rockeros nunca mueren. Quieren abrazarse al estadio y como Fredy Mercury en aquella mítica tarde del 86 gritar a los cuatro vientos que "The show must go on"...

viernes, 3 de agosto de 2012

JORGE, RYAN GIGGS Y LA CAMISETA DE UN MITO

Ryan Giggs, un jugador de leyenda
Desde que aquél aparato había entrado en nuestras casas, Benny Hill había pasado al segundo lugar en el escalafón de nuestros productos británicos televisivos favoritos. Lejanos quedaban aquellos tiempos en los que intentar ver un partido de fútbol inglés se convertía poco menos que en un acto clandestino. Asi que desde aquél Canal+ de mitad de los 90, Jorge y yo descubrimos un fútbol que nos cautivó. El del passing game del Liverpool de Fowler y Mcmanaman y los goles del correoso Wimbledon empujando al rival en su área chica hasta hacerle claudicar. El del modesto Blackburn campeón de Hendry, Sherwood y Ripley y el imperial United del genial Cantoná. Descubrimos a Vinnie Jones, Dwight Yorke, Stan Collymore, al Ipswich Town y al Crystal Palace. Fútbol en estado puro. Y al caer esos sábados, cuando nos juntábamos para hacer aquellas cosas de los jóvenes de entonces, comentábamos el partido de esa tarde. Que si vaya manera de golear de Shearer o qué maravilla ver jugar al gran LeTissier en aquél vulgar Southhampton. Y entre todos aquellos personajes que íbamos descubriendo, uno destacaba de entre los demás. El galés del United Ryan Giggs. Regate prodigioso, velocidad endiablada y una calidad extraodinaria hacían de este veinteañero el jugador predilecto de mi amigo Jorge. Tanto es así que un día de verano del 95 decidí comprarle una camiseta del Manchester United. Sí, no era la oficial pero en la espalda llevaba su número y su nombre. El 11 de Giggs.

17 años y 34 títulos después, el de Cardiff agota sus últimos minutos de fútbol en su Manchester de siempre. Desde las entrañas de Old Trafford ha visto desfilar grandes estrellas, canteranos como él o fichados a golpe de talonario y va a presenciar de principio a fin la carrera futbolística de algún compañero mientras el ha permanecido allí, tirando rivales con la misma facilidad con la que levantaba títulos y más títulos. Y aunque sus veloces slaloms ya no desafían al defensa más preparado, su sola presencia infunde el respeto y la admiración conquistadas durante dos décadas de absoluta dedicación a su club. Cuando todo acabe dejará para la historia el aroma de un jugador irrepetible y unirá su legado al de Charlton y Best para dibujar los trazos de los últimos 50 años vestidos de diablos rojos. Pero seguramente su nombre nunca lo encontraremos entre los de los considerados más grandes de todos los tiempos. Dicen que los mejores jugadores necesitan de un Campeonato del Mundo para ingresar en el selecto grupo de los Dioses del fútbol. Giggs nunca ha pisado un Mundial y ni tan siquiera una Eurocopa ha podido disfrutar de su genialidad. Jurará fidelidad al dragón rojo galés para no lucir jamás los 3 leones del escudo inglés rechazando el ofrecimiento de la Federación Inglesa para jugar con ellos y privándose de disfrutar de los mejores torneos de selecciones. Sólo la idiosincrasia olímpica británica y la unión de los 4 territorios bajo la bandera de la Jack Union, permitirá a un Giggs casi cuarentón presentarse a lo grande en una gran competición internacional. Y no será en un torneo cualquiera. Como los atletas en la antigua Grecia, buscará su condición de mito capitaneando a un grupo de imberbes proyectos de futbolistas. Como en los antiguos Juegos lo hará delante de su gente, en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

17 años después, con algún kilo de más y algún pelo de menos, Jorge y yo compartimos de vez en cuando alguna tertulia futbolera al amparo de las nuevas tecnologías. Con España fuera de combate en Londres, y a pesar de mis pocas simpatías hacia lo inglés en general, solo me queda que Giggs aproveche su única oportunidad en un torneo que es una ventana al mundo para colgarse el oro al cuello y mirar cara a cara a los considerados los más grandes. Desconozco si Jorge piensa lo mismo e incluso si todavía guarda aquella camiseta con el mismo cariño con que yo se la regalé. Si lo hace, siempre podrá decir que aquella antigua camiseta que descubrió viendo fútbol en Canal+ hoy pertenece a uno de los más grandes de siempre. Al 11 del United Ryan Giggs. La camiseta de un mito.

domingo, 29 de julio de 2012

MESSI, BUSCANDO LA PERFECCIÓN

 
Leo Messi, buscando la perfección 
"Miglior giocatore del torneo, Leo Messi". La megafonía del Estadio anuncia que el jóven Leo ha sido escogido como el mejor jugador del torneo que el Juvenil B del Barça de Cesc, Piqué y el argentino acaba de conquistar en San Giorgio della Richilvelda (Italia) ante Parma, una selección del Friuli Venezia Giulia, Hansa Rostock, Eintrach Frankfurt, Treviso y Juventus. Corre el mes de Agosto de 2003 y el rosarino recoge el galardón tras haber maravillado a propios y extraños con su insultante destreza para tirar rivales a su paso, pelota cosida con aguja e hilo a una zurda prodigiosa. Su entrenador, el argentino Angel Guillermo Hoyos, se apremia a felicitarlo pero en su rostro no encuentra a un chico por completo feliz. Durante el torneo, Leo erró un penalty y aunque en la final logró transformar otro, aquél fallo no sale de su cabeza. Su carácter ganador y perfeccionista choca de frente con aquél error que no se perdona. Será Hoyos quien trate de consolarlo diciéndole que aquél portero podrá contar a sus hijos y nietos que un día le paró un penalty al mejor jugador del mundo. Más tarde lo pone a entrenar diariamente desde los 11 metros, explicándole que a lo largo de una temporada deberá tirar 5 ó 6 y puede que alguno de ellos sea decisivo. Puede estar en juego el campeonato o un torneo importante...

Abril de 2012. El rostro de Messi se esconde bajo la 10 azul y grana. Sabe que ese fallo ha sido clave para que su equipo se baje del tren de la Copa De Europa y como en aquél 2003 su rostro no puede esquivar la agria compañía de la frustración. El torneo juvenil es ahora un torneo del máximo nivel, Cesc y Piqué curtidos en tierras lejanas, le acompañan bajo el escudo culé y en la casa de Leo, aquél trofeo de verano se abre paso entre varios Balones de Oro. Sí, han cambiado muchas cosas, pero la ambición de Messi sigue intacta y su camino hacia la gloria no conoce desvío alguno. El partido ante el Chelsea ha finalizado y entre el júbilo inglés, embutido en esa camiseta, Leo parece distinguir tras el sonido de la madera de aquél chut desde los 11 metros, las palabras de su míster en aquél torneo en Italia. Él, que con sus goles ha llevado a su equipo hasta allí, ha podido tirar por la borda todo ese trabajo con ese fallo fatal. En aquél verano italiano será su entrenador quien consuele al joven jugador. En esta ocasión las palabras de Hoyos se transformarán en el aliento de 90.000 almas que le recuerdan al argentino que ese fallo no es más que una gota de agua en el mar de felicidad que Leo les ha regalado durante estos años. Para Messi no es suficiente. Volverá a ensayar penalties hasta la extenuación. Sabe que el fútbol le ofrecerá revancha. Y él se la tomará. No quiere que ningún portero le cuente a sus nietos historias para no dormir. Quiere que esos niños recuerden que buscando la perfección, un chaval argentino llegó a ser el mejor jugador de todos los tiempos.

miércoles, 4 de julio de 2012

FERNANDO LLORENTE, LA IMAGEN DE ESPAÑA

Fernando Llorente buscará su sitio en el Mundial
Llegaba al torneo tras haber exhibido por Europa la fragancia de los grandes nueves de antaño aunque vestido de smoking y chistera. El camión de La Roja, como fue bautizado por Pepe Reina durante la celebración por el Mundial de 2010, tenía todas las papeletas allá por el mes de Abril para circular en la delantera por las carreteras de Polonia y Ucrania, ceñido en esa roja de talla equivocada. Con Villa fuera por lesión, ni la luz al final del túnel de Torres ni la dura pugna de Negredo con Soldado parecían apagar el recuerdo de aquella volea a la red de Van der Saar en San Mamés ni la mayor exhibición de un delantero centro en un sólo partido que recuerdo en los últimos tiempos, la de la semifinal de la Europa League frente al Sporting de Lisboa. Aquella noche Zarra, Dani y Urzaiz se citaron en el cuerpo de aquél chicarrón para reescribir el manual del delantero centro moderno. Pero a Fernando Llorente no le van a salir las cosas como él pensaba durante esta Eurocopa 2012 y sus únicas carreras serán de locura tras unos agónicos penalties o por la banda esperando impaciente su momento. Un momento que nunca va a llegar...

Hace un par de décadas desembarcábamos en las grandes citas del verano futbolero embutidos en el trasnochado traje de la Furia Española. Nos mirábamos al espejo, nos gustábamos y nos creíamos ese papel de espartanos patrios dispuestos a discutir el título cuchillo en mano a las grandes de siempre. Y olvidando la pelota en el vestuario acababamos por virar nuestros galeones con las velas hechas jirones y el rostro desfigurado por el infortunio de alguna maldita tanda de penalties. Como estampa significativa recuerdo la de aquél verano del 90 en Italia con nuestra máxima figura goleando por tres veces a la "potente" Corea y dándose un baño de ego con la reivindicación de su figura sobre el equipo. Aquél dedo narcisista que señalaba a su amo y a la vez nos mostraba la imagen de una España casposa que progresaba al son de la especulación de cuatro ladrillos y faraónicas exposiciones.
Por eso considero la sonrisa de Llorente una de las imágenes de España en esta Eurocopa. La estampa del chico con clase, humilde y trabajador que llegaba para consagrarse y acabó por no sacarse el peto de los suplentes ni en el avión de vuelta a casa. El hombre que lejos de pensar en su situación actual, se tragó su ego, apretó los dientes, animó sin descanso a sus compañeros y se alegró el primero del éxito colectivo. La persona que bien podría encarnar los valores de la España difícil que hoy nos toca levantar, la de la gente buena que en silencio pone su trabajo al servicio del bien común. España y Llorente quieren tener su segunda oportunidad. Las gentes de bien siempre la tienen y por eso en 2014, mientras mi país se va olvidando de que tiene una prima por Europa, estoy seguro que por las áreas del gran Maracaná un camión buscará decidido sitio para aparcar...